Sujeto el caballo

junto a la frontera…

 

Pensativamente

le cruzo las riendas

y entro a armar un chala

cruzando una pierna

por la cabezada,

floja la osamenta…

La primer pitada

me trae una idea:

 

…Aquí no se acaba

mi amor por la tierra!

 

Los “marcos” me dicen

que abuelo y abuela

gastaron tropillas

rastrillando leguas

por las dilatadas

llanuras abiertas.

 

Mozo riograndense

-vida turbulenta,

pero al modo antiguo,

de una sola pieza-

mi abuelo a caballo

cruzó la frontera

facón y pistola,

buscando querencia.

 

Hija de hacendados

de preclaras mentas,

polisón, rosario,

costurero y reja,

mirando a las lomas,

le esperó mi abuela.

 

Y, como en los cuentos

de hadas y princesas,

“hubo quince días

continuos de fiesta.”

 

Para el casamiento,

se esperó a las “yerras”

y las poderosas

familias linderas

trajeron peonadas

de vincha y melena.

Se carneó “con cuero”,

se marcó la hacienda,

hubo jineteadas,

sortijas, cuadreras,

 

y en el viejo y fuerte

casco “de azotea”,

se bailaron shotis,

y polkas… y aquellas

danzas de los tiempos

de la Independencia.

 

Por el guardapatio,

cruzaban secretas

pasiones los mates

-que traen y llevan,

desdenes que enfrían

y amores que queman-.

 


 

Rumbo a los galpones

sangraban endechas

heridas guitarras

bajo las estrellas…

 


 

Cuando en el carruaje

se fue la pareja,

las duras peonadas

que en todas las gestas

revolucionarias

se hicieron leyenda,

le dieron escolta

-por lujo y soberbia-

quemando cartuchos

hasta la frontera…

 

II

Ya se ha dado un siglo

de vino en las cepas.

Ya no queda sombra

de abuelo y abuela,

sencillos señores

de vida serena.

 

Pero en estos campos,

todo el que recuerda

qué clase de sales

engorda la tierra

de las invernadas

junto a la frontera,

no entiende la industria

de criar haciendas

sin un limpio orgullo

de sangre campera.

 

-Mi caballo inmóvil

cual si comprendiera,

piafando bajito

cambia las orejas-.

 

Tiendo una mirada

que contrabandea

mi alma a los pastos

donde mi ascendencia

crió más Historia

que vacas y ovejas,

 

y digo a los “marcos”

que la sangre nueva

mestiza fulgores

de bravas y enseñas,

 

sangre fronteriza

que borra fronteras

 

de tan orientala,

… medio brasileña.

 

Y digo a los “marcos”,

para que otros sepan,

que estos son los campos

de mi gente vieja,

barro de mi carne,

cal de mi osamenta,

 

río enamorado

que me arde en las venas,

gritando a los vientos

matreros de América,

 

que aquí no se acaba

mi amor por la tierra!

 

CANTO Y POESÍA – Osiris Rodríguez Castillo, Editorial Arca, 1974.

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