No soy de cuna elegante

ni de importante apellido,

más vengo de ramas fuertes,

de un árbol recio, sufrido,

que enfrentó mil tempestades

y se ha mantenido erguido.

Que necesita del aire,

de la tierra y del sol mismo,

para elevarse hasta el Cielo

hasta encontrar su destino,

pero aferrado a este suelo,

por los valores más dignos.

El del amor a la Patria,

a la familia, al amigo,

veneración al trabajo,

la libertad, los caudillos…

A los gauchos orientales,

que cual centauros divinos,

nos legaron el terruño,

nos marcaron un camino,

de humildad, de sacrificio,

de guapeza y heroísmo.

De rechazo a las cadenas,

a imperios y despotismos,

que engañan a los ingenuos

pero no al criollo curtido.

Al que defiende su hogar

-con sus toscas, ¡bellas manos!-

como el hornero a su nido.

Al que las lluvias o vientos

veranos y duros fríos

le han templado el corazón

le han dado un cerno nativo

de altivo y recio linaje,

al igual que al árbol mío.

Álvaro Fernández Texeira Nunes

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