La diputada Tourné (Partido Socialista, Frente Amplio), inició una investigación sobre presuntas esterilizaciones “precipitadas” de mujeres jóvenes y/o con escasa capacidad de tomar decisiones libres (falta de información, presiones, etc.). Dicha acción, rápida y firme, merece nuestro reconocimiento y el de todos aquellos que trabajamos por la vida y la familia.Sin embargo, no compartimos la afirmación de la legisladora cuando declara que el debate apunta a “conservar la libertad de opción que tiene la mujer, y al mismo tiempo darle garantías al cuerpo médico para que pueda proceder con los resguardos que corresponda”. Desde nuestro punto de vista, la esterilización no contribuye en modo alguno a la libertad de opción de la mujer, ya que se trata de una operación irreversible, de efectos permanentes. Mal se puede hablar entonces de libertad, cuando el viaje de la esterilización, sólo ofrece un boleto: el de ida. No hay posibilidad física de retorno, y por tanto, la libertad de decidir, se convierte en mera ilusión: la mujer que se esteriliza, no puede recuperar, su fertilidad. No en vano, la principal desventaja del método, es el “posible arrepentimiento”.

Aún cuando se invoquen causas graves para recurrir a la esterilización, sólo la mujer que no se esteriliza es verdaderamente libre. Asimismo, sólo el médico que informa exhaustivamente a la mujer sobre los riesgos y consecuencias de esta práctica y busca disuadirla de su utilización, es verdaderamente respetuoso de la libertad de su paciente. En consecuencia, la falta de respeto a la libertad propia y ajena, parecen ser causas que explican, al menos en parte, este problema.

Otra causa que contribuye a fomentar las esterilizaciones precipitadas, es la difusión masiva de pésimos programas de educación sexual y/o manuales de prevención del SIDA para adolescentes, como el archidebatido libro “¡Escucha, aprende, vive!”. En efecto, en la página 59, este documento afirma lo siguiente:

“Procurar una sexualidad más libre y responsable conduce a pensar en los métodos anticonceptivos, con el fin de evitar embarazos no deseados. Es posible elegir entre varios métodos anticonceptivos, pero esta elección debe ser realizada por la pareja conociendo las ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos, de manera de escoger aquel que mejor se adapte al estilo de vida, frecuencia y características de sus relaciones. Para tomar esa decisión es conveniente informarse y buscar asesoramiento con un médico ginecólogo. El médico es un especialista en estos temas y se halla preparado para dialogar y ayudar a encontrar las respuestas a las interrogantes que se plantea la pareja. Quizás la primera consulta provoque algún temor o angustia, pero debes saber que debido al “secreto profesional” , el médico mantendrá en reserva lo conversado. Además, durante esa comunicación podrán aclararse las dudas, erradicar los mitos, y, sobre todo, podrá crearse una relación basada en la confianza. En algunos centros de salud, hospitales y mutualistas del Uruguay, existen servicios específicos para adolescentes.

Obviamente, estamos de acuerdo con que se debe prevenir el embarazo adolescente, pero no precisamente fomentando las relaciones sexuales entre personas que, como la palabra lo indica, adolecen de la madurez necesaria para establecer compromisos serios y duraderos. Como si esto fuera poco, en el libro de marras, se da por sentado que la abstinencia es poco menos que imposible en la adolescencia, que los jóvenes no son capaces de controlar sus pasiones y que deben satisfacer sus “necesidades sexuales” a como de lugar.

La consecuencia es lógica: se incrementa el número de embarazos adolescentes, porque se fomenta la promiscuidad y porque los métodos anticonceptivos fallan más de lo que sus fabricantes están dispuestos a admitir. Esto puede llevar a más de uno, a recurrir a la esterilización, a la cual hace referencia el mismo manual, como si fuera un método más.

En efecto, en una crítica que hicimos al libro a poco de publicarse, advertíamos lo siguiente:

“Entre las págs. 60 y 64, el libro se explaya en la descripción de varios métodos anticonceptivos: preservativos, píldoras, coito interrupto, métodos naturales, diafragma, espermicidas, dispositivo intrauterino o DIU, y ¡ligadura de trompas y vasectomía! Es increíble que se les hable a los adolescentes de métodos de esterilización quirúrgica, sin aclarar en ningún momento, que son operaciones irreversibles en la mayoría de los casos, que los pueden dejar estériles para toda la vida. Es lamentable que no se mencione que “la píldora” puede provocar esterilidad cuando se consumen desde la adolescencia o bien cáncer del cuello del útero; y puede ser abortiva en muchos casos, dependiendo del principio activo. Y es una grave omisión el no hacer referencia a que de acuerdo con la ética médica, los facultativos que receten el DIU deben advertir a sus pacientes que tiene efectos abortivos.”

La diputada Tourné se alarma con razón por la presión que se ejerce sobre la vida de las mujeres. Pero ¿qué hay de la presión que se ejerce sobre los adolescentes, cuando se les inclulca el “amor libre” desde las aulas y se les ilusiona con un presunto “sexo seguro” que no es tal? ¿Acaso esta presión no puede ser causa de algunas esterilizaciones precipitadas? ¿Por qué son tan pocos los que tienen el coraje de decir a los adolescentes, que un hombre no es más hombre, ni una mujer más mujer, por el sólo hecho de mantener relaciones sexuales?

¿Por qué tenemos que seguir los modelos hedonistas impuestos por los responsables de los medios de comunicación, que se introducen impunemente en nuestros hogares? ¿Qué hay sobre los médicos que atienden a los/las adolescentes, y les recomiendan métodos anticonceptivos sin el consentimiento de sus padres? ¿Acaso a nadie le preocupa que los padres no se enteren de las decisiones que toman sus hijos adolescentes, a quienes desde la enseñanza oficial se recomienda tomar la decisión “en pareja”? ¿Hasta dónde llega el “secreto profesional” del médico, que mantendrá “en reserva lo conversado”? ¿Qué pasa si un médico propone a una adolescente la esterilización? ¿Quién se entera si la interesada no lo denuncia?

La educación sexual que se brinda en Uruguay, avanza por caminos muy peligrosos: el libro ¡Escucha, aprende, vive!, luego de poner en duda los modelos de los mayores, luego de decir a los adolescentes que nadie les puede impedir tomar sus propias decisiones en cuanto a sus comportamientos sexuales, llega a promover la esterilización como método anticonceptivo sin ningún tipo de advertencia sobre su irreversibilidad, así como el secreto entre padres e hijos en temas por demás importantes. Esto es sumamente grave. Nos preguntamos: ¿hay legislación sobre el tema? Porque si hay medicamentos que necesitan de la aprobación de los padres para que los compre un niño, ¿que hay de los anticonceptivos en general y de la esterilización en particular? ¿Qué hay de la promoción de esta práctica por parte de manuales supuestamente educativos? No estaría demás que la diputada Tourné, y todos aquellos que tengan competencia en la materia, investigaran también esta realidad, sin otro compromiso que el de descubrir la verdad. Sería buena cosa además que el gobierno del Dr. Batlle, aparentemente preocupado por los valores, tomara medidas concretas y prohibiera -en vista de sus posibles efectos- el uso del mencionado libro.

Desde nuestro punto de vista, las esterilizaciones precipitadas en mujeres demasiado jóvenes, son consecuencia directa de ciertas causas que se pueden y se deben combatir en forma positiva. Es necesario a nuestro juicio, fomentar el respeto por la vida propia y ajena, así como la educación en valores cimentados en la ley natural. Es urgente dejar de lado las ideologías “políticamente correctas”, y actuar con sentido común: pretender resolver un problema como éste sin tener en cuenta sus causas últimas, es como arar en el mar…

Álvaro Fernández Texeira Nunes

Nota: El artículo es de 2001 y hay coas que cambiaron. Hoy hay una ley -la de aborto- que permite a los niños informarse sobre métodos anticonceptivos, abortivos, etc., sin necesidad de que sus padres se enteren.

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