Allá por el Carumbé

en la Estancia Navidad,

al pie del Arerunguá,

anduvimos campereando,

por las cuchillas trepando,

cual grito de libertad.

Fue por esos campos duros,

hacia el Sureste de Salto,

en el medio del basalto,

que supimos trabajar,

contentos, sin aflojar,

con el ánimo bien alto.

Que el trabajo a campo abierto,

sabe ser educador,

de virtudes, de valor,

de constancia y de coraje:

suele ser pobre el ropaje,

pero rico el interior.

Con mi amigo, Don Guillermo,

hombre recio y bien campero,

-buen caballo, buen apero-,

le salimos al trabajo,

echando el lomo a destajo

con la fuerza del Pampero.

Lidiamos con el vacaje,

en dos pingos de mi flor;

ya con frío o con calor,

hicimos la pata ancha,

y dejamos en la cancha,

más que el sudor, el amor.

Amor a Dios, la familia,

y al sacrificio paciente,

de aquella estirpe imponente,

que fueron nuestros abuelos:

hoy de allá arriba en el Cielo,

nos vigilan exigentes.

Nuestra sangre es la de aquellos,

que por la Patria pelearon;

en esta tierra lucharon,

por la civil libertad,

y al clarín de Camundá,

generosos se entregaron.

Algunos dieron la vida,

otros sus caballadas.

Después cambiaron la espada

por el arado a mancera:

colgaron de la cumbrera

las lanzas ensangrentadas

Por eso amamos la tierra

y el trabajo de su gente;

como cristianos corrientes,

pisamos el suelo duro:

con nuestro idealismo puro,

luchamos contracorriente.

 Contra las corrientes gringas

que nos venden espejitos,

ensillamos, sencillitos,

el mate siempre infaltable:

costumbre bien saludable,

amarguear bien tempranito!

Y entre mates y trabajo

por esos cerros de piedra,

cañadas, valles y sierras,

forjamos nuestra amistad:

¡que nunca venga la paz,

si es esta la doña guerra!

 

Álvaro Fernández Texeira Nunes

Anuncios