“Ya los antiguos estoicos habían captado el orden de la naturaleza, como fundamento único del justo ordenamiento social. Para mostrarlo, haré algunas citas del genial romano Marco Tulio Cicerón. En un imaginario diálogo con su hermano Quinto,Tulio le dice que “si bajo el reinado de Tarquino no existía en Roma ninguna ley escrita contra el adulterio, no por eso Sixto Tarquino, al violar a Lucrecia, hija de Tricipitino, dejó de despreciar la ley eterna. No; existía ya razón perfecta, emanada de la naturaleza de las cosas, que impulsa al bien y retrae del delito; ésta no comienza a ser ley cuando se la escribe”; Quinto le responde: “convengo, hermano mío en que lo justo es a la vez verdadero, y no podría comenzar a existir ni desaparecer con las letras que sirven para redactar los derechos”.Más adelante, Tulio desestima las críticas, rematando la idea: “¡Cómo! ¿no existen en muchas naciones decretos perniciosos, pestíferos, que no merecen mejor el nombre de leyes que los pactos de una banda de ladrones? Si no pueden llamarse prescripción de médico las recetas mortales que ignorantes e imperitos den como saludables, tampoco es ley para un pueblo lo que le es perjudicial, sea la que quiera su forma y aunque él mismo lo haya aceptado. La ley es por consiguiente la distinción entre lo justo y lo injusto, modelada por la naturaleza, principio antiquísimo de todas las cosas, regla de las leyes humanas, que impone penas a los malvados, y defiende y garantiza a los buenos.”

En su agudeza, el jurista parece profetizar lo que sucede actualmente, con el despliegue de la ética utilitarista, al decir: “No existe, pues, más que un sólo derecho al que está sujeta la sociedad humana, establecido por una ley única: esta ley es la recta razón en cuanto manda o prohibe, ley que, escrita o no, quien la ignore es injusto. Si la justicia es la observación de las leyes escritas y de las instituciones de los pueblos, y si, como ellos mismos sostienen -los epicúreos-, todo debe medirse por la utilidad, olvidará las leyes, las quebrantará si puede, aquel que crea que de hacerlo así obtendrá provecho. La justicia, pues, es absolutamente nula si no se encuentra en la naturaleza: descansando en un interés, otro interés la destruye.”

Finalmente, el gran romano remata la cuestión, con este otro argumento: “Si los mandatos de los pueblos, los decretos de los imperantes, las sentencias de los jueces fundasen el derecho, de derecho sería el robo, el adulterio, el falso testimonio, si en su apoyo tuviesen los votos o aprobación de la multitud. Si en los juicios y mandatos de los ignorantes existe tanta autoridad que los sufragios cambian la naturaleza de las cosas, ¿por qué no decretan que lo malo y pernicioso sea declarado en adelante como bueno y saludable?, ¿y por qué la ley de que lo injusto puede hacer lo justo, no podrá hacer del mal un bien? Y es que para distinguir una ley buena de otra mala tenemos una regla solamente; la naturaleza. No solamente se distingue el derecho por la naturaleza, sino que tambien todo lo que es honesto y torpe en general. Esta noción nos la da la inteligencia común, infundiéndola en nuestro espíritu, que coloca lo honesto en la virtud y lo torpe en el vicio. Hacer depender esta noción de la opinión general y no de la naturaleza, es verdadera locura.” 

Jorge Scala, Principios Falsos y Verdaderos de la Bioética, Revista Persona y Bioética, Nº 20 – 21. Las citas de Cicerón fueron tomadas de: Cicerón, Marco Tulio, Tratado de las Leyes, Ed. Porrúa, México, 5ª Edición, 1.984, Libro II, pág.

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