Contradicción en la propaganda

Cuando se propagandean proyectos de ley de reproducción humana asistida, por lo general se hace hincapié en el presunto derecho de los padres a tener hijos. Especialistas en el tema (sumamente interesados en beneficiarse de esas leyes), salen a los medios de comunicación a mostrar hermosos niños de mejillas rosadas -en lo posible de cabello rubio- y le preguntan a la audiencia: “¿acaso él (o ella) no tenía derecho a nacer?” Y señalando a los padres, que aparecen mostrando una sonrisa de oreja a oreja preguntan: “¿acaso ellos no tenían derecho a tener a esta hermosa niña?” (1)

Sin embargo, cuando se propagandean proyectos de ley de aborto, se hace hincapié en el presunto “derecho” de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Este derecho es respetable cuando una mujer decide, por ejemplo, estamparse un tatuaje encima de su ombligo, o cuando opta por rellenar con siliconas diversas partes de su humanidad. En esos casos la mujer está, efectivamente, decidiendo sobre su cuerpo. Pero el caso del aborto es distinto, porque allí la mujer-madre, está decidiendo sobre el cuerpo de su hijo, que es biológica y antropológicamente distinto de su propio cuerpo .

En este caso, las “especialistas” en el tema (feministas que de femenino tienen muy poco) no suelen mostrar en los medios de comunicación, hermosos bebés de rosadas mejillas. No vaya a ser que alguien se confunda y termine haciendo una incómoda pregunta: “¿acaso él (o ella) no tuvo derecho a nacer?”

Contradicción en las leyes

Al comparar proyectos de ley de reproducción asistida con proyectos de ley de aborto, es frecuente encontrar contradicciones. En el caso de Uruguay, esto es patente: el Senado uruguayo aprobó hace unos pocos meses un proyecto de ley de reproducción asistida que en uno de sus artículos, protege al embrión, al tiempo que penaliza con prisión y retiro del título al especialista que le hiciere daño o causare su muerte: “El que con conciencia y voluntad ponga en peligro la vida, la salud o la integridad del embrión humano producto de las técnicas por esta ley autorizadas, será castigado con seis meses de prisión a dos años de penitenciaría. Si del hecho derivara la muerte del embrión agredido, la pena será de un año de prisión a tres años de penitenciaría e inhabilitación del título, si lo tuviere, por el doble de tiempo de la condena.”

En otro artículo, este proyecto reconoce que hay vida humana desde la concepción, y por ello prohibe la comercialización de “cualquier forma del desarrollo de la vida humana, desde la fecundación del óvulo al nacimiento, con fines farmacéuticos, terapéuticos o de experimentación”.

Sin embargo, muchos de los Senadores que levantaron su mano para aprobar este proyecto de ley, han manifestado que votarán afirmativamente otro proyecto de ley para legalizar el aborto. En este último, se establece que Toda mujer tiene derecho a decidir sobre la interrupción de su embarazo durante las primeras doce semanas de gravidez, en las condiciones que establece la presente ley.” Las causas, son todas aquellas que “a su criterio (de la mujer), le impidan continuar con el embarazo en curso”. En buen romance: aborto libre para toda mujer hasta las 12 semanas de gestación.

Un criterio que lo explica todo

Desde nuestro punto de vista, la pregunta clave es: ¿que pasa con los políticos? ¿Cómo se explica que seres inteligentes puedan admitir tal contradicción, tal atropello a la más mínima lógica?

La única explicación que nosotros hemos encontrado hasta ahora, es tan simple como preocupante y terrible: los seres humanos valen o no valen para ciertas personas, según el deseo de sus padres de que vengan al mundo. La diferencia entre un hijo que viene al mundo por fecundación in vitro y otro que al que lo echan del mundo cuando muere abortado, está en que el primero es un hijo deseado, y el segundo es un hijo no deseado. La lógica subyacente, es que los padres tienen derecho absoluto a decidir sobre la vida de los hijos: si no pueden tenerlos, los mandan fabricar; si no quieren tenerlos, los llevan a abortar.

Esta lógica es -demás está decirlo-, es el paradigma de la tiranía, de la intolerancia y de la discriminación. De la tiranía, porque deciden siempre y a su gusto, los más fuertes sobre los más débiles; de la intolerancia porque se mata al que molesta; y de la discriminación, porque se discrimina ¡a los hijos! según el criterio “te deseo”“no te deseo”. (2)

Si llevamos esta lógica -que poco a poco va “haciendo cultura”- a la convivencia diaria las consecuencias son terribles: “yo no deseo que tu existas; luego, te mato”. Así crecen los índices de violencia, y se critica a la juventud, pobre víctima de quienes hacen la cultura. O bien: “yo puedo matarte porque tu eres débil; luego te mato”. Y así surgen los grupos fundamentalistas, de los que luego se quejan quienes se dicen “progresistas”… Como siempre, los extremos se juntan: es el problema de vivir en un mundo redondo.

La cultura del confort

En la época de las cavernas, probablemente hubo un hombre que eligió sentarse o recostarse sobre una roca en lugar de estar siempre sentado en el suelo. Otro inventó la silla y otro el sillón “ergonómico”. Durante toda su Historia, el hombre ha buscado el confort y eso, de suyo, no es algo malo. Pero ¿cómo se obtiene el confort? Eliminando las aristas filosas de la roca, quitando imperfecciones y obstáculos para que el cuerpo se amolde al asiento.

El problema es que hay personas que encaran la vida con la idea de que, para lograr un máximo confort, es lícito eliminar todo obstáculo que se interponga entre ellos y sus metas. Incluídos sus propios hijos. O sus propios padres. Porque después de legalizados el aborto y la eutanasia -dos caras de la misma moneda- nada impide a un hijo decirle a su madre: “Tu decidiste una vez sobre la vida de mi hermano: no lo trajiste al mundo porque para ti era un niño “no deseado”. Hoy, yo voy a decidir sobre tu vida, pues tu eres para mí una madre “no deseada”. Adiós”. Es un razonamiento muy cruel. Pero al menos es más coherente que el de quienes penalizan la matanza de embriones con una ley y la legalizan con la otra…

Denominador común

Esta lógica, no es muy distinta de la que empleaba aquel señor alemán, de pequeño bigotito negro, que tuvo al mundo en jaque en la década del ´40: a él le molestaban los judíos: no deseaba verlos ni tenerlos cerca y los mandó matar. Tampoco es distinta esta lógica, de la que regía la conducta de aquel otro señor, de gran bigotazo negro, que sojuzgó al pueblo Ruso durante varios lustros: no deseaba enfrentar en el campo político a los disidentes, y los mandaba a los gulag de Siberia, donde morían apilados. Es la misma lógica, en fin, que la de ese señor barbado que gobierna una hermosa isla en el Caribe: a los disidentes, a los no deseados por pensar distinto, los encarcela, o bien los mata.

Estos señores, a pesar de sus apartentes diferencias, han tenido una peligrosa idea en común: “al indeseable, al que por sus acciones o sus ideas es para mí “no deseado”, simplemente lo mato”. En otras palabras, esto equivale a decir: “yo tengo derecho a decidir sobre la vida de otro, es lícito usar la violencia para maltratar al distinto y al débil”.

Tiranía, intolerancia y discriminación

Es realmente triste ver como algunos que se dicen demócratas o “progresistas”, parecen ahora dispuestos a adoptar la misma actitud tiránica, intolerante y discriminatoria que critican en otros.

Actúan como tiranos cuando afirman que el parlamento, o bien el pueblo, tiene derecho a decidir si la vida humana debe respetarse siempre, o sólo en algunas ocasiones: por ejemplo, cuando es “deseada”. Creen que ellos y que el pueblo al que representan, tienen derecho a decidir quien debe vivir y quien debe morir.

Discriminan a unos de otros, cuando afirman por la vía de los hechos, que si los hijos son queridos, hay que traerlos al mundo a toda costa; pero si son “no deseados”, hay que matarlos, hay que deshacerse de ellos. Como si la responsabilidad de que “aparezcan” estos hijos dentro del vientre de sus madres, la tuviera la pobre cigüeña y no los padres…

Aprueban en fin, la intolerancia, cuando levantan sus manos para legalizar la matanza injustificada de criaturas inocentes, cuyo único “delito” es existir.

Paradójicamente, los sobrevivientes a la masacre del aborto serán quienes terminen pagando las jubilaciones de los políticos: es como si alguien me planteara colaborar con la pensión mensual del responsable de un atentado terrorista en el que murió mi hermano, mientras yo me salvé de puro milagro.

Y después, se quejan de que no hay credibilidad en el sistema político. ¿Cómo puede haberla, si ellos mismos la destruyen?

¡Cuidado!

Cuidado con discriminar al “no deseado” o al “indeseable”. Cuidado con practicar la discriminación y la eugenesia.

Cuidado con basar la justificación de esta matanza de seres humanos, en el “deseo” / “no deseo” de los padres. O de la madre, sin participación del padre.

Cuidado con admitir que una madre mate a su hijo porque no tolera la idea de traerlo al mundo.

Cuidado con la próxima generación, que será la de los sobrevivientes al aborto…

Cuidado con sentar precedentes para una eventual legalización del infanticidio, o de cualquier otra matanza discriminatoria por edad, sexo, origen, religión, etc.

Cuidado. Mucho cuidado. Porque el fundamento último del presunto “derecho a elegir”, es meramente utilitarista. Lejos de respetar la dignidad humana, tiende a cosificarla, pues depende del “deseo” / “no deseo” de llevar un embarazo a término, como si el ser humano que se está gestando fuera un objeto que se puede eliminar como quien se saca una muela cuando molesta.

Cuidado. Mucho cuidado.

No queremos un mundo en el que los “no deseados” no tengan derechos, No queremos que existan en ningún país del mundo, ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría. Nos oponemos a la intolerancia de quienes piensan que la vida de los demás les pertenece, y a la discriminación de los que no tienen voz. Nos rebelamos contra un sistema en el que los fuertes triunfen sobre los débiles, sin que estos tengan la menor protección legal. Nos indigna, en definitiva, que al mal se le llame bien, y al bien, mal.

Sabemos que nos somos los únicos. Es hora entonces de unirnos, y de empezar a trabajar, codo a codo, por un mundo mejor. ¿Sobre que base? Sobre aquella que nos eneseñó, hace 2000 años, el Fundador de la Doctrina del Amor. Lo demás, es puro cuento.

Álvaro Fernández Texeira Nunes

(1) Los especialistas no revelan, por supuesto, el “costo” de “producir” a esa criatura. No dicen cuantos embriones se “fabricaron” ni cuantos murieron para que uno naciera. Tampoco dicen que los padres no tienen “derecho” a tener hijos (la paternidad es un don), sino que es el hijo quien tiene derecho a nacer en una familia formada por sus padres naturales.

(2) Es lícito plantearse el dilema “deseo” / “no deseo” hijos cuando aún no han sido concebidos. Los padres tienen derecho a espaciar los nacimientos y a elegir cuántos hijos quieren tener. Pero no tienen derecho a plantearse el dilema “deseo” / “no deseo” una vez concebido el niño, porque ahí prima el derecho del hijo a nacer sobre el derecho de los padres a elegir el número de hijos.

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