El botón de la muestra…

Semanas atrás, un tal Sr. Paz envió al Correo del Lector de “El País”, una carta en la que criticaba duramente al Director Técnico de la selección uruguaya, Sr. Jorge Fossatti. Y no precisamente por su forma de conducir al plantel celeste, sino por ir, antes de cada partido, a rezarle a la Virgen de Lourdes en compañía de algunos jugadores.

A juicio del Sr. Paz, el Técnico Fossatti está “violando la laicidad” y faltándole el respeto a la “separación iglesia-estado” (sic). Esto se vería agravado porque -en palabras del lector- “Uruguay es desde hace casi 100 años un país civilizado que mantiene esta tradición sagrada como garantía de tolerancia y democracia ante todas las opiniones filosofías y cultos” (de acuerdo con los criterios del Sr. Paz, de 1904 para atrás, el Uruguay no era, aparentemente, un país civilizado; de lo que se sigue que cada 18 de mayo, cada 19 de junio, cada 18 de julio y cada 25 de agosto, las autoridades, los niños de las escuelas y todos los uruguayas, le rinden homenaje a una horda de seres incivilizados, a unos crueles “bárbaros”, entre los que se  encuentra José Pedro Varela, fallecido en 1879…).

A renglón seguido, el Sr. Paz dice que Fossatti tiene derecho -¡menos mal!- como católico, a ir con sus jugadores a la Virgen de Lourdes, “pero no representando a Uruguay”. Sería comprensible la molestia del Sr. Paz -y también del Párroco de la Gruta de Lourdes-, si los jugadores fueran ataviados como para jugar un partido, con zapatos de fútbol y equipo deportivo, y se pusieran a patear la pelotita en medio del Santuario. Ahí sí estarían representando a Uruguay. Pero si van sin pelota, sin zapatos y sin equipo, entonces no van representando a Uruguay: van a ejercer sus derechos.

A pesar de los disparates que contiene -salta a la vista que la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) no es un organismo del Estado uruguayo sino una asociación de clubes de fútbol-, esta carta no pasa en sí, de ser un hecho anecdótico e intrascendente. Pero es un síntoma de la sociedad en que vivimos, donde hay libertad para todo, excepto para a rezarle a la Virgen con el fin de pedirle un buen resultado deportivo…

Tolerantes en serio

Algunos uruguayos se dicen tolerantes; pero no dudan en salir al cruce -a veces en forma por demás agresiva-, al primer comentario o acción de quienes no piensan como ellos. Gracias a Dios hay otros que han sido y son realmente tolerantes con las ideas ajenas; pongamos algunos ejemplos:

Siempre que podemos, acudimos a las misas que se celebran en memoria de un líder político a quien admiramos mucho. En ellas hemos visto a veces, a políticos ateos y agnósticos, que ningún vínculo tienen ni con el partido político al que pertenecía este caudillo, ni con la religión cristianaTodos con cargos en el gobierno de turno, todos representantes del Estado. Pero allí estaban, en la Iglesia, en Misa, acompañando a la familia del difunto y honrando, cada uno a su manera, a quien consideraban -más allá de las diferencias políticas- un hombre ejemplar. Hasta ahora, a nadie se le ha ocurrido acusarlos de violar la laicidad.

Más aún: ¿quien sería capaz de meterse en la conciencia de esos políticos y asegurar que ninguno de ellos estaba rezando? Y si alguno lo hacía, ¿estaba violando la laicidad?; ¿o estaba ejerciendo su derecho de ciudadano a pensar y actuar libremente de acuerdo con sus convicciones filosóficas y religiosas?

También hemos visto asistir a Misa -diaria o dominical- a ministros, senadores, diputados, diplomáticos, etc. pero no como espectadores, sino participando activamente de las celebraciones… ¿Y eso es violar la laicidad? ¿Acaso los hombres de Estado, para no atentar contra la “sagrada” laicidad, tendrían que tomarse licencia y reasumir sus cargos luego de finalizadas sus actividades religiosas?

Otro ejemplo: el encendido debate sobre si debía o no quedar “la Cruz del Papa” en la zona de Tres Cruces, también fue resuelto afirmativamente por los representantes del pueblo en el Parlamento. A este resultado, contribuyeron políticos que no tienen vinculación alguna con el cristianismo, pero que tienen, eso sí, las suficientes agallas para enfrentar el qué diránla necesaria visión histórica de los hechos, como para percibir que la primera visita de un Papa a Uruguay, merece ser conmemorada con el símbolo característico de la religión a la que él representa.

En otras ocasiones, hemos visto a presidentes de distintas tendencias políticas, acompañando y/o participando en festividades y conmemoraciones del pueblo judío. ¿Eso es violar la laicidad? ¿O es más bien manifestar el respeto debido a las creencias de personas que, en el destierro, eligieron al Uruguay para vivir?

En resumidas cuentas, todas las anteriores, son demostraciones de tolerancia; pero de la tolerancia que sirve, de la tolerancia verdadera: ¿dónde estaría la tolerancia, si sólo se tolerara a quienes piensan de forma políticamente correcta?

El fondo del asunto

Supongamos que a un funcionario público -puede ser un Ministro o el último limpiador- se le ocurre, mientras trabaja, ofrecer sus tareas diarias a Dios. O que a un chofer de un organismo estatal, se le ocurra rezar el Rosario, mientras se desplaza en un vehículo oficial. ¿Estarían estos funcionarios violando la laicidad? Y en caso afirmativo: ¿cómo se podría comprobar? ¿Cómo puede uno meterse en la cabeza de otra persona y adivinar sus pensamientos? ¿Se prohibirá acaso a los funcionarios públicos portar objetos religiosos tales como Rosarios, escapularios, medallitas, cruces, estrellas de David, medias lunas, etc.? ¿Hasta donde llegará el fanatismo laicista?

La caza de brujas, hoy se está dando al revés. Cómo será la cosa para que un judío saliera a defender la pequeña cruz que figura en el Escudo del Condado de Los Ángeles, según informáramos en el número anterior. Estamos entrando en una etapa de la historia en la que varias personas están empezando a pensar como el Sr. Paz, y no sólo con respecto a los católicos, sino con respecto a todo aquel que tenga alguna creencia religiosa. Son los frutos de una mentalidad laicista a ultranza, donde el rechazo a toda manifestación religiosa, pasa a ser algo “sagrado”. ¿Será que acaso todos, creyentes, y no creyentes, necesitamos creer en algo sagrado? 

Quien sabe. Lo cierto y lo concreto es que, independientemente de las ideologías y creencias, siempre el hombre apuesta por algo, siempre cree en algo. Es mentira que existan posturas neutras ante los problemas. Aquí viene a cuento lo sucedido en un colegio privado de un país latinoamericano. Resulta que un buen día, cayó por el colegio de marras, un inspector de Filosofía. Analizó el programa, asistió a clase, y luego, a solas con el docente, le dijo: “Veo que en este colegio el programa de Filosofía tiene un enfoque neotomista. Se fija una posición” A lo cual el docente, le respondió más o menos lo siguiente: “Efectivamente, el colegio tiene una posición, porque es de los padres; y los padres tienen una posición claramente definida sobre la forma en que quieren educar a sus hijos”. “Por otra parte -continuó el docente-, no tener una posición filosófica definida, también es tener una posición filosófica definida…” Al final del cuento, el docente fue “absuelto” en virtud “del respeto debido a la libertad de cátedra”… Queda claro entonces que siempre, ante todo problema filosófico, las personas toman una posición. Incluso aquellas que afirman que “todo es relativo”…

Como las aceitunas…

Dicen que las aceitunas, cuando las aplastan, dan lo mejor de sí. Esto viene a cuento porque estamos empezando a vivir un tiempo de persecución que, tememos, se hará más feroz en los próximos años. Gracias al voto de muchos católicos bienintencionados, pero quizá demasiado ingenuos, el oficialismo electo se dispone a reflotar la ley de aborto que fuera enterrada durante la pasada legislatura. La persecución de los niños no nacidos, se está planteando como una de las prioridades del nuevo gobierno. Ante esta realidad, cabe la pregunta: después de institucionalizado el asesinato de los más débiles, ¿qué se puede esperar que hagan con los que pensamos distinto?

No exageramos al decir que los tiempos que vienen serán tiempos de persecución. Este razonamiento no es fruto de una mente paranoica, sino de la consideración atenta de la ley de aborto que se pretende reflotar. Supongamos que la ley sale aprobada. La ley obliga a todas las instituciones y a todos los médicos a abortar, salvo que, en determinadas condiciones, se plantee la objeción de conciencia. Pero en situaciones límite, en las que no cuenta la objeción de conciencia, hay médicos que, por no querer hacer un aborto, podrían terminar presos por el “horrendo crimen” de privar a una mujer de su presunto “derecho” a abortar…: no hay peor persecución ni medida más totalitaria, que la de forzar a una persona a hacer algo que va en contra de su conciencia.

Por eso, hoy más que nunca es necesario fijar nuestra posición en defensa de la Cultura de la Vida; y aunque no nos guste, debemos protestar, denunciar y enfrentar sin desmayo a la cultura de la muerte. Aunque corramos el riesgo de ser aplastados, tenemos que hacer oír nuestra voz: ¡¡¡es la voz de los sin voz!!! Tenemos que hacer valer nuestros derechos y los de los de los demás, ¡¡¡son los Derechos Humanos!!! Tenemos que dar la batalla por la libertad para todos los uruguayos, nacidos y por nacer. Por esa libertad lucharon y murieron nuestros ancestros; y por esa libertad debemos luchar hoy, a brazo partido quienes no estamos dispuestos a dejar que sean avasallados los principios que guiaron a los forjadores de nuestra Patria.

Los próceres: ¿violadores de la laicidad?

A propósito: nuestro Prócer, José Artigas rezaba antes de las batallas; y en todo su pensamiento se descubren principios cristianos. ¿De dónde salió el “clemencia para los vencidos”, si en aquel entonces no había Convención de Ginebra? Lo más probable es que la idea saliera del Evangelio. Lo mismo cuando dijo que “los más infelices serán los más privilegiados”. No había en ese entonces ni socialismo, ni BID, ni “estado benefactor”. Así que lo más probable, es que la idea la tomara de las Sagradas Escrituras o de los curas que lo asesoraban… Al final de su vida, Artigas rezaba el Rosario en su destierro paraguayo junto a los indios guaraníes. Y existen innumerables testimonios sobre sus valores cristianos en ese gran libro titulado “Artigas católico”.

Por su parte, los Treinta y Tres Orientales, antes de emprender su cruzada libertadora, se encomendaron a la Virgen del Pintado, que desde ese entonces, es llamada “la Virgen de los Treinta y Tres”. Y que por eso, la Patrona del Uruguay.

Hasta ahora, gracias a Dios, a nadie se le ha ocurrido acusar a los Padres de la Patria de violar la laicidad. Sin embargo, con el criterio del Sr. Paz, no cabe duda que habría que quitar los monumentos de Artigas, Lavalleja y Oribe de las plazas públicas, e iniciarles un juicio póstumo por violar la “sagrada laicidad”. Porque si los miembros de la selección uruguaya de fútbol representan a todos los uruguayos cuando van a encomendarse a la Virgen, ¿a quien representaban los fundadores de nuestra nacionalidad cuando le rezaban a Santa María..?

Álvaro Fernández Texeira Nunes

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