“Ideológicamente, ¿qué es ser blanco? ¡No es nada. El blanco es un color, nada más!”, me dijo una vez un amigo que milita en la Unión Cívica. Otro amigo, colorado él, comentó en otra ocasión: “el Partido Nacional es una especie en vías de extinción” (paradojas de la vida…) ¿Qué tienen en común ambas afirmaciones? La absoluta ignorancia sobre lo que significa “ser blanco”…

En realidad, no son culpables… Esto es algo que solo los blancos podemos entender… y que cuesta explicar. Es difícil expresarlo en palabras, porque es una mezcla tan perfecta como indefinida de aspectos emocionales e intelectuales. La convicción profunda y la pasión encendida. La razón y el sentimiento. El cerebro frío y el corazón caliente. Pero siempre, siempre, el todo al servicio de un ideal.

Ser blanco es amar a la Patria entera, de Montevideo a Artigas y de Fray Bentos a Yaguarón. Ser blanco es amar la Historia de nuestro pueblo. Es aprender del pasado, pero sin quedar anclado en él. Ser blanco es arraigar la existencia en una serie de principios y valores inconmovibles, cuya firmeza y solidez nos da una base sobre la que apoyarnos para construir el futuro…

Ser blanco es amar la libertad, en el sentido más noble del término: libertad, no para hacer lo que uno quiere hacer, sino para hacer lo que uno debe hacer. Libertad que no es libertinaje, sino adhesión voluntaria a lo bueno y lo verdadero. Libertad que conduce a una mayor felicidad, a una más completa alegría, porque lejos de estar atada a las más bajas pasiones, está impulsada por los ideales más nobles.

Ser blanco es asumir actitudes de grandeza cuando la Patria lo exige. Blanco fue Oribe en la Guerra Grande, Leandro Gómez en Paysandú, Aparicio en Masoller, Herrera en el ´58 y Wilson en la explanada… por no hablar de gestos de grandeza más recientes que sin duda, quedarán para la Historia. Con mayúscula.

Ser blanco es oponerse con absoluta firmeza a los abusos de un gobierno indigno. Ser blanco es enfrentarse a la perversa alianza de tres naciones conjuradas para aniquilar a una cuarta. Ser blanco es luchar hasta las últimas consecuencias, contra la injusticia perpetrada por quienes pretendieron ignorar el derecho de las minorías a la representación proporcional.

Ser blanco es no dejar de promover leyes positivas para el país, aunque otros se adjudiquen su autoría. Ser blanco es admirar todo lo bueno de otras patrias, pero permaneciendo fieles al llamado del terruño. Ser blanco es no inmiscuirse en problemas y guerras de lejanas tierras, salvo para llevar una palabra de consuelo y de paz, o para acoger al emigrante.

Ser blanco es estar tan a favor de las instituciones, de la Constitución y de las leyes, como para que a uno no le importe ser tildado de “fascista” por la extrema izquierda; y tan a favor de la libertad, de la democracia y de la justicia, como para que a uno no le importe ser tildado de “anarquista” por la extrema derecha. “Que si la izquierda, que si la derecha -decía Wilson- ¿por qué nos van a obligar a autodefinirnos en función de dos categorías que ni siquiera aceptamos sean diferentes?” “Nosotros somos nosotros”, diría en otra ocasión…

Ser blanco es tener la grandeza de ofrecer gobernabilidad en la derrota y participación en el triunfo. Ser blanco es entender que cuando uno pierde, darle una carta de crédito al ganador es contribuir al bien de la Patria. Ser blanco implica una enorme generosidad. Es posible ser generoso sin ser blanco, pero nunca lo inverso.

Ser blanco es ser honorable y leal. Es ser noble y valiente. Es tener en alta estima la dignidad del otro, ya sea amigo o enemigo. Ser blanco es respetar… y exigir respeto sin que nos tiemble la mano.

Ser blanco es “dignidad arriba y regocijo abajo”. Es el cerno que se queda y no la cáscara que se va. Es ser buen poste, de esos con los que se pueden hacer corrales. Es entregar el poncho para que el que no tembló de miedo, tampoco tiemble de frío… Es salvar el pellejo de un enemigo cercado por un grupo de compañeros, por la sencilla razón de conviene a la Patria conservar la vida de un hombre valiente. Es no volar un puente en medio de la revolución, porque es una obra buena para el país… (“lo que es bueno para el país -decía Dardo Ortiz- es bueno para el Partido Nacional”).

Blanco es un color, sí. Pero los colores representan algo. ¿Y qué otra cosa puede significar el blanco que la pureza de los ideales que nos mueven? Ser blanco es estar dispuesto a dar la vida y la fortuna por la Patria. Y esto se traduce, en el pasado, en el presente y seguramente en el futuro, en la ferviente determinación de luchar sin descanso, por un futuro mejor para quienes, piensen o no como nosotros, habitan el mismo suelo que nosotros.

A pesar de las lecciones de la historia, algunos todavía no tienen claro que “el Partido Nacional es como el coronilla: puede estar 90 años bajo tierra y no se pudre”. Por eso mientras las ideologías a veces terminan siendo absorbidas unas por otras, siempre es posible encontrar quien defienda los principios y valores más profundos, aunque para identificarse con los mismos, recurra a algo tan sencillo como un color,..

Pese a la labor de quienes han pretendido apagar nuestro ideal a lo largo de los años, siempre resurge, en cada nueva generación de blancos. Porque la naturaleza humana –¡y vaya si los blancos nos guiamos ante todo, por la ley natural y por el sentido común…!- siempre es más fuerte que las ideologías pasajeras.

Compañeros: mientras haya un hombre sobre esta tierra dispuesto a entregarlo todo por la Patria, habrá un blanco. Y mientras haya un blanco, habrá Partido Nacional.

¡¡¡QUE LINDO, PERO QUE LINDO, ES SER BLANCO!!! ¡¡¡VIVAN LOS BLANCOS CARAJO!!!

Álvaro Fernández Texeira Nunes

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