No confunda Sr. Presidente. Ud. ha dicho, refiriéndose a la oposición, y por tanto refiriéndose a mí, que soy blanco como costilla e´bagual, “nos odian porque somos de abajo, no pueden aceptar que gobernemos”.  Y eso, en lo que a mí respecta, no es cierto. Es cierto sí que soy apasionado. Es cierto sí, que he criticado dura, ácida e irónicamente su gestión. Pero también es cierto que como cristiano, no creo que esté bien odiar a las personas. No sé a Ud., pero a mí me enseñaron a respetar y amar siempre a todas las personas, de toda clase, condición e ideología. Lo que en todo caso rechazo de plano, son ciertas ideas y ciertas conductas que a mi leal saber y entender son pésimas para nuestra Patria y para nuestra gente.Para empezar, rechazo que nos haya tildado a los uruguayos, una y mil veces, de atorrantes. “Qué hermoso país de atorrantes”, dijo hace años en una entrevista. Es un insulto desagradable e indigno de un gobernante, porque generaliza: quizá “cree el ladrón que todos son de su condición”… Pero de lo que él cree a la realidad, hay un abismo. Rechazo su idea de vivir como los bosquimanos, trabajando dos horas por día y rascándonos el resto del tiempo, como si el objetivo de la vida fuera verla pasar, en lugar de ser protagonistas de nuestro presente y de nuestro futuro. Rechazo el hecho de que haya procurado por todos los medios, aplicar el modelo bosquimano a nuestra sociedad, incumpliendo la ley al no exigir prácticamente nada a cambio a los beneficiarios del MIDES.

No confunda Sr. Presidente. Tengo muchos y muy buenos amigos que son “de abajo”, y que quizá no sepan tanto como Ud. de tribus africanas, pero saben mucho, no tenga duda, de esfuerzo y de trabajo arduo y honrado por sacar adelante a sus familias. Saben lo que es pagar impuestos. Saben lo que es no ser tenidos en cuenta por planes sociales con los que sus vecinos cuentan. Saben lo que es llegar a su casa, cansados, y ver que los vecinos ganan igual o más que ellos sin hacer nada. Y siguen trabajando. Porque saben que es lo correcto. Porque saben que el trabajo dignifica y saben que trabajando dan ejemplo a sus hijos de la fantástica virtud de la laboriosidad. Virtud que se viene perdiendo a pasos agigantados en Uruguay. Pero que hasta hace muy pocos años, se tenía.

Tengo cincuenta años y aunque tengo un título universitario, en mi vida he realizado todo tipo de trabajos, incluidos los más humildes (desde cosechar tabaco a cargar leña, desde palear arena a cargar bolsas de portland…). Estoy orgulloso de cada trabajo que hice porque, me haya salido mejor o peor, lo hice con amor, poniendo todo mi empeño en hacerlo bien. Y estoy feliz de haber trabado amistad –gracias a esos trabajos- con personas de todos los ambientes y condiciones sociales. Créame Sr. Presidente, “los de abajo” que yo conozco, son gente respetuosa de la ley, y si hubieran estado en su lugar, jamás habrían consentido en el escándalo de PLUNA, ni en los acomodos de ASSE, ni en la desaparición impune de cientos de millones de dólares que pertenecen al pueblo uruguayo.

No confunda Sr. Presidente. Aquí no hay un odio de la clase de arriba a la clase de abajo. Lo que hay es un rechazo de un sector de la sociedad -al que el gobierno no pudo comprar con prebendas- a los manejos turbios, al nepotismo, al amiguismo y a la forma totalitaria de ejercer el poder que es característica del Frente Amplio. Se jopearon dos plebiscitos en los que el pueblo dijo NO!!! Y eso sin mencionar la ineptitud con que han manejado determinados temas como el de la seguridad pública, por ejemplo. No son ineptos por ser “de abajo”. Son ineptos para gobernar porque en lugar de pensar en lo mejor para el país entero, y en ajustarse a Derecho, sólo parecen interesarles dos cosas: el rédito personal, y el rédito político para eternizarse en el poder. No hay otra razón para que “lo político esté por encima de lo jurídico”…

Wilson Ferreira Aldunate siempre contaba una anécdota: una vez, un extranjero recién bajado de un barco, le preguntó a un compatriota de origen muy humilde que andaba por el puerto, como era el Uruguay. La respuesta de este buen oriental fue: “El Uruguay es un país donde nadie es más que nadies”. A Wilson le encantaba contar esa anécdota, porque decía que definía perfectamente lo que es nuestro país. No sé de qué fecha es la anécdota, pero parece que es de los tiempos en que la gente acostumbraba a llegar en barco. Esto nos demuestra dos cosas:

1) Que es falso pensar que en Uruguay, “nadie es más que nadies” gracias al Frente Amplio. Desde mucho antes de que existiera la fuerza política a la que Ud. pertenece, había trato igualitario entre los orientales.

2) Que si alguien introdujo el odio entre las distintas clases y sectores  que hoy dividen a los uruguayos, fue precisamente, el Frente Amplio. Por ejemplo, en las elecciones de 2009, yo tenía una Mehari del año 1971. Durante la campaña electoral, solía atarle en los fierros que sostenían la capota, banderas del Partido Nacional. Más de una vez, al pasar frente a militantes frenteamplistas, me gritaron “¡CHORRO!”.  Dígame Ud. si eso no es odio, discriminación y calumnia: para sus correligionarios, la bandera blanca parece ser sinónimo de “chorro”… Si hubiera ido en una 4×4, quizá lo habría entendido. Pero… iba en una Mehari, más vieja que su Fusca, Sr. Presidente!!!

Para colmo, ni Ud., ni su Sra. esposa, son “de abajo”. De “abajo” son los que nacieron, se criaron y vivieron siempre “abajo”, como algunos de mis amigos. Pero Ud. no nació en un cantegril, por sus venas corre sangre de patricios y hacendados uruguayos. La Senadora Topolansky, por su parte, nació en una familia muy acomodada y fue al mejor colegio de señoritas de su época. Y no me extiendo con el resto de los líderes frenteamplistas “de arriba” (¡gracias a que están en el gobierno, cada vez son más!), porque no me alcanzaría una carta. Tampoco tiene sentido. Es un país chico y todos nos conocemos…

Tengo muchos amigos “de abajo” que no han votado a su partido, Sr. Presidente, ni lo votarán jamás. Porque puede que sean pobres, pero son dignos. Puede que tengan escasos recursos, pero no recurren al robo, ni al tráfico de drogas, ni a las dádivas del gobierno para vivir. Puede que vivan en asentamientos, pero nunca los vi llegar sucios al trabajo: son perfectamente capaces de tener siempre una camisa limpia y un pantalón planchado, aunque para ello deban ponerlo debajo del colchón. Puede que no tengan un título universitario, pero quieren que sus hijos progresen en la vida, que vayan a la escuela, al liceo, a la UTU y por qué no, a la Universidad. Quieren que aprendan a desenvolverse en la vida, que puedan forjarse un futuro. No los mandan a un centro educativo, simplemente para que los docentes los pasen de año…

Por eso, hay muchos “de abajo”, a quienes que yo personalmente considero “de arriba”. Porque siendo de condición humilde, me han dado ejemplo de lucha, de sacrificio, de familia, y eso en condiciones nada fáciles. Hombres y mujeres a los que nadie les regaló nada. Hombres y mujeres de trabajo, que son un orgullo para el país. Hombres y mujeres a quienes Ud. Sr. Presidente, no tiene derecho a meter en su misma bolsa.

Álvaro Fernández Texeira Nunes

Anuncios