En la última edición de Búsqueda del 30 de julio del corriente, el Diputado Ope Pasquet, contestando una carta al Cnel. (R.) Milans, vuelve a la carga contra el Ejército y la Misa celebrada en la Catedral Metropolitana con motivo de un nuevo aniversario de la Batalla de Las Piedras.
Al principio de su carta, Pasquet se queja de que le acusen de sostener una posición contraria a la de Artigas. No soy quien para juzgar el mayor o menor artiguismo de otros orientales, pero en mi opinión, el diputado Pasquet y los batllistas en general, han transitado un camino, si no contrario, por lo menos distinto al del Prócer. No sólo en materia de creencias religiosas. Porque es cierto que Artigas fue un gran republicano. Pero fue también, y sobre todo, un gran federal, pensamiento éste que abreva en fuentes muy distintas a las que inspiraron el batllismo.

En cuanto a las creencias religiosas de Artigas, cabe destacar que no solo procuró vivir según el Evangelio en su exilio paraguayo, rezando el Rosario con los indios o enseñándoles el Catecismo. No. Ya en una carta del 12 de marzo de 1815 al Comandante General de Misiones, Andrés Artigas, el Protector de los Pueblos Libres manifiesta claramente su pensamiento republicano, federal y católico: “…Por el conducto del Gobernador de Corrientes pasé a usted hace tres días, las circulares para que mande cada pueblo su diputado indio al Arroyo de la China. Usted dejará a los pueblos en plena libertad para elegirlos a satisfacción, pero cuidando que sean hombres de bien y de alguna capacidad para resolver lo conveniente… Es cuanto tengo que prevenir a usted y exhortarle a que cada día trate con más amor a esos naturales, y les proporcione los medios que están en sus alcances para que trabajen y sean felices.”
Esa contundente exhortación a Andresito a tratar “cada día con más amor a esos naturales”, habla a las claras de unas enseñanzas que no son ni las de Thomas Paine, ni las de Rousseau. Ese amor, sólo puede haberlo aprendido de aquel que vino al mundo a traer el Mandamiento del Amor. Porque si el amor a los indios no se encontraba con frecuencia entre los próceres del Sur de América, menos aún se encontraba entre los republicanos del Norte, que los perseguían como a la peste. Por tanto, es evidente que ésta preocupación fundamental en el pensamiento del Prócer, nace de su formación franciscana y crece a partir de su experiencia misionera, la cual explica muy buena parte de sus ideas y sus acciones. ¿De dónde proviene aquella famosa orden “¡Clemencia para los vencidos!”, sino de Aquel que predicó el amor a los enemigos? Negar o desconocer la influencia católica en el pensamiento de Artigas, sería negar nuestra propia historia.
Por otra parte, si bien en las instrucciones del Año XIII Artigas estableció la promoción de la “libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable”, hay dos lecturas de dicho texto: una, según la cual Artigas, como buen adelantado a sus tiempos, ya estaba pensando en traer a estas tierras a los mormones, a los testigos de Jehová, a los seguidores de la new age, etc. Y otra, según la cual Artigas quería liberar a los sacerdotes que lo acompañaban en la revolución, de la obediencia al Obispado de Buenos Aires, que no era muy afín que digamos a la gesta artiguista. Precisamente por eso, el Prócer tampoco tenía mucho interés en que le enviaran curas patricios de Buenos Aires… Cabe recordar que Uruguay (que en tiempos de Artigas era “la Banda Oriental”), recién tuvo su primer Obispo en 15 de julio de 1878. Cada quien hará su propia lectura del artículo 3º, pero no se pueden desconocer ni las circunstancias en las que Artigas escribió esa instrucción, ni la posibilidad de interpretar sus palabras de un modo distinto al que enseña la historia “oficial”.
El diputado Pasquet transcribe en su carta el artículo 2o. de la ley 3.768 de 22 de mayo de 1911: “El Ejército no concurrirá a ceremonia religiosa alguna. Los jefes, oficiales y soldados pueden hacerlo individualmente.” Lo que uno se pregunta al leer este artículo, es qué ocurriría en el supuesto caso de que todos los militares fueran católicos. O judíos. Ante una ceremonia religiosa como la celebrada el 18 de Mayo, ¿tendrían que dejar una especie de “guardia laica” en el cuartel para salvaguardar la laicidad o para no ofender a sus presuntos defensores?
El propio diputado Pasquet dice: “la institución no participa en ceremonias religiosas; los individuos son libres de hacerlo”. Entonces ¿cuál es el problema? ¿Qué hayan asistido muchos militares a Misa ejerciendo su libertad individual? ¿Alguien tiene derecho a determinar, en un país libre, cuál es el número “políticamente correcto” de militares con creencias religiosas? ¿”Decenas de oficiales” es mucho? ¿Cuál sería el número adecuado? ¿Cuatro o cinco? Al final, ¿qué es lo que preocupa? ¿La laicidad, o que sean muchos los militares creyentes – católicos? Decirlo clara, abierta y sinceramente, sería un buen punto de partida para encontrarle una salida a este debate que empezó hace ya casi dos meses, como si no hubieran otros temas infinitamente más importantes para ocupar el tiempo de los legisladores. Por ejemplo, el respeto de la neutralidad política en la enseñanza pública… Ahí tiene el diputado Pasquet un hueso para roer durante años cuando suelte al Comandante Manini. Más aún, si se preocupa por estudiar el cumplimiento de esa norma en la enseñanza en tiempos del famoso Hermano Damasceno…
Por otra parte, si vamos a la ley, esta dice que el Ejército como institución, no puede participar en ceremonias religiosas. Y punto. No dice que su Comandante en Jefe no le pueda regalar, en nombre del Ejército, un cuadro a una autoridad religiosa que celebró un servicio al que él y otros muchos militares, individualmente asistieron. Si vamos a invocar la ley, vamos a respetar la letra y a no inventar un posible “espíritu de la ley” que va mucho más allá de lo que la letra afirma. Porque la ley tampoco indica que un oficial del Ejército, cuando participa individualmente de un servicio religioso, deba vestirse de civil. Una vez más, sería bueno aclarar qué es lo que preocupa, si la laicidad, o ver un montón de gente uniformada dentro de la Iglesia. No hay que asustarse tanto: no está en los planes de nadie organizar una Cruzada de tipo militar por estos lares…
Dice también el diputado Pasquet que desde 1911, que él sepa, no ha ocurrido nada parecido. Pues bien, en una carta anterior que amablemente nos publicó Búsqueda, dimos cuenta de un hecho muy parecido –quizá “peor”, según el criterio batllista-, como es la participación directa de la Fuerza Aérea en la celebración de una Misa en Melo en 1988. En efecto, un famoso avión de esa fuerza –el FAU 572-, llevó al Papa Juan Pablo II a esa ciudad, con el único objetivo de celebrar una Misa (es decir que no lo llevó en su calidad de Jefe de Estado, sino en su calidad de sacerdote católico para oficiar un acto de culto). Hacíamos notar en esa carta, que el Dr. Pasquet también era diputado en aquella época, siendo el Presidente de la República y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, el Dr. Julio María Sanguinetti. No tenemos conocimiento de que aquel momento, los laicistas se rasgaran las vestiduras.
Por supuesto que ni como republicano, ni como federal, ni como católico, se me ocurriría decirle al diputado Pasquet lo que tiene que hacer con sus creencias. Pero sí le digo que es un derecho de todos los ciudadanos vivir su fe y darla a conocer. La fe –al menos para los católicos- no es para ponerla en el cajón de la mesa de luz. Es para intentar vivirla y transmitirla, a pesar de nuestros defectos, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, de los santos y de otros buenos cristianos, como es el caso de Artigas. La fe nos exige cada día, tratar “con más amor” a nuestros prójimos, y a proporcionarles, en la medida de nuestras posibilidades, los medios que están a nuestro alcance para que “trabajen y sean felices”´. No parece casualidad que la iniciativa de apoyar con formación para el trabajo a cientos de jóvenes que ni estudian ni trabajan, la haya promovido un militar católico…
Procurar trabajo y felicidad para el pueblo debería ser, en mi modesta opinión, la función principal de los gobernantes. Por eso creo que en el mejor de los casos, es una pérdida de tiempo detenerse en grandes denuncias sobre pequeños detalles, cuando ni siquiera existe detrás un contundente e inobjetable respaldo jurídico que lo amerite.
Una reflexión final: es opinión de muchos que la crisis de valores actual se debe en muy buena parte, a la pérdida del sentido de trascendencia: si no somos hermanos, si no nos consideramos hijos de un mismo Padre ante el cual tendremos que rendir cuenta algún día, podemos llegar a ver al otro como un simple peldaño –pura materia- para escalar en la sociedad. A mí personalmente, me deja muy tranquilo saber que hay muchos oficiales de las Fuerzas Armadas que hoy –independientemente de lo que ocurrió hace más de 40 años- tienen sentido de trascendencia.
Álvaro Fernández Texeira Nunes
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