No estoy de acuerdo con el “muro de Trump”. O mejor dicho, con el muro que otros, silenciosamente empezaron y que Trump, bulliciosamente, quiere terminar. La razón por la cual no estoy de acuerdo, es que en pleno siglo XXI, un muro es más un símbolo que una barrera física, ya que puede ser violado y evadido de mil formas distintas. Aún no termino de decidir si es peor como símbolo o como barrera física…
Pese a ello, pienso que el muro de Trump no es el peor de los muros: los seres libres que se mueven en su entorno, pueden decidir si intentarán cruzarlo o no, pueden decidir si tratarán de evadirlo por aire o por vía subterránea, o si tratarán de ingresar a los Estados Unidos por mar, por la frontera de Canadá, etc. Hay otro muro, sin embargo, en el que la decisión de cruzarlo o no, no depende de uno, sino de otro; y la decisión de no dejar cruzar a quienes lo intentan, está amparada por ley en los Estados Unidos desde 1973: es el muro del aborto, al que la Sra. Clinton y sus secuaces, querían seguir agregando ladrillos de carne humana…

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