En teoría, el 8 de Marzo es el Día Internacional de la Mujer, y hay muchas mujeres sensatas que lo conmemoran haciendo hincapié en la igual dignidad del hombre y la mujer. Sin embargo, hay otras mujeres, bastante más bulliciosas que las primeras, que hace décadas dejaron de lado la lucha por la igualdad de oportunidades para la mujer, para embarcarse en una “cruzada” tendiente a eliminar lo que ellas denominan las “diferencias de género”. Es así que a fines de los años 60, nació lo que Christina Hoff Sommers[i] denominó el “feminismo de género.”

En facebook aparecieron el día de la fecha, numerosos comentarios acerca de las feministas de género, y fotos de sus demostraciones de intolerancia y fanatismo. En primer lugar, hay quienes creen, ingenua pero honestamente, que el propósito de estas movilizaciones, es mejorar la condición de la mujer en el plano social, laboral, doméstico, etc. A partir de esa convicción de fondo, muchos piensan que estas mujeres erraron el camino para defender la equidad de género. Otros creen que el reclamo de la famosa cuota femenina, tiene como objetivo llegar a ocupar cargos sin necesidad de esforzarse. También están los que, con evidentes muestras de indignación sostienen que estas mujeres están locas, o que tienen el cerebro quemado por las drogas, y que lo único que van a lograr es una mayor división en la sociedad. Otros, no entienden qué pretenden y se preguntan por qué denigrar a la religión católica.
Las reacciones de estos amigos, son perfectamente comprensibles. Pero, en mi opinión, el problema es más profundo, y muchísimo más grave de lo que aparenta. “El feminismo de equidad, dice Hoff Sommers- es sencillamente la creencia en la igualdad legal y moral de los sexos. Una feminista de equidad quiere para la mujer lo que quiere para todos: tratamiento justo, ausencia de discriminación. Por el contrario, el feminismo del género es una ideología que pretende abarcarlo todo, según la cual la mujer norteamericana está presa en un sistema patriarcal opresivo. La feminista de equidad opina que las cosas han mejorado mucho para la mujer; la feminista del género a menudo piensa que han empeorado. Ven señales de patriarcado por dondequiera y piensan que la situación se pondrá peor. Pero esto carece de base en la realidad norteamericana. Las cosas nunca han estado mejores para la mujer que hoy conforma 55% del estudiantado universitario, mientras que la brecha salarial continúa cerrándose.”[ii]
Es claro entonces que lo que las “feministas de género” buscan, no es la equidad de género, ni terminar con los problemas de violencia doméstica, ni que las mujeres ganen sueldos iguales a los de los hombres por el mismo trabajo, ni que a la mujer se la trate con igual dignidad que al hombre. Esa es la excusa para movilizar a las bases, pero esas luchas quedaron en el pasado de un feminismo que se ha metamorfoseado, pasando de ser un simpático capullo a una araña de aspecto aterrador.
Citaremos y comentaremos a continuación pasajes de libros escritos por líderes del feminismo de género a nivel mundial: “La cuestión de la mujer nunca ha sido la cuestión feminista. Esta se dirige a las causas de la desigualdad sexual entre hombres y mujeres, del dominio masculino sobre la mujer.”[iii] A confesión de parte, relevo de prueba. Al feminismo no le importa en absoluto “la cuestión de la mujer”. Lo que les importa, es anular las causas de desigualdad sexual entre hombres y mujeres, y de esa forma eliminar el dominio del hombre sobre la mujer. Invirtiendo los papeles y logrando que la mujer sea la que domine sobre el hombre. Eso pude sonar un tanto fantasioso, pero veamos lo que dice Shulamith Firestone: “Asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser igualmente -a diferencia del primer movimiento feminista- no simplemente acabar con el privilegio masculino sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente”[iv]
Es por ello que inventaron la “ideología de género”. ¿Qué es el género, o “gender” en inglés? Veamos que nos dice Judith Butler: “El género es una construcción cultural; por consiguiente no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo. Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras; en consecuencia hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino.”[v]
Eso es lo que les interesa a las feministas de género: erradicar toda diferencia sexual entre hombre y mujer, pues ellas creen –o quieren creer, o quieren hacer creer- que las diferencias entre los sexos, son meramente culturales, y que nada tienen que ver con la naturaleza humana o con las diferencias biológicas “hombre-mujer”.
Esta forma de pensar lleva a Alison Jagger a imaginar un futuro en el cual “El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal: en vez de esto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la misma institución de las relaciones sexuales, en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimorfamente perversa natural.”[vi]
Las feministas de género se proponen, por tanto, destruir la familia. Es uno de sus objetivos. Y como la gran promotora y defensora de la familia, la ley natural y la moral clásica es la Iglesia Católica, supone un obstáculo para el avance del feminismo de género. En consecuencia, se han propuesto destruirla.
Un video promotor del Foro de las ONG en la Conferencia de Pekín, producido por Judith Lasch, señala: “Nada ha hecho más por constreñir a la mujer que los credos y las enseñanzas religiosas”.
Mientras tanto, un documento del Consejo Europeo sobre la Conferencia de Pekín, dice que: “El surgimiento de toda forma de fundamentalismo religioso se considera como una especial amenaza al disfrute por parte de la mujer de sus derechos humanos y a su plena participación en la toma de decisiones a todo nivel en la sociedad.”
Por su parte, Elisabeth Schussler Fiorenza, sostiene que: “Los textos bíblicos no son revelación de inspiración verbal ni principios doctrinales, sino formulaciones históricas. Análogamente, la teoría feminista insiste en que todos los textos son producto de una cultura e historia patriarcal androcéntrica.”[vii] En resumidas cuentas, las religiones son inventos humanos creados por los hombres para dominar a las mujeres.
Para terminar este brevísimo resumen, en el que omitimos comentar –por ser muy conocida- la relación del feminismo de género con el aborto, copiamos unos párrafos del texto del cual extraímos las citas, con la opinión de Dale O´Leary: “El “feminismo de género” es un sistema cerrado contra el cual no hay forma de argumentar. No puede apelarse a la naturaleza, ni a la razón, la experiencia, o las opiniones y deseos de mujeres verdaderas, porque según las “feministas de género” todo esto es “socialmente construido”. No importa cuánta evidencia se acumule contra sus ideas; ellas continuarán insistiendo en que es simplemente prueba adicional de la conspiración patriarcal masiva en contra de la mujer. (…)
“En Estados Unidos el “feminismo de género” ha logrado ubicarse en el centro de la corriente cultural norteamericana. Prestigiosas universidades y Colleges de los Estados Unidos difunden abiertamente esta perspectiva. Además, numerosas series televisivas norteamericanas hacen su parte difundiendo el siguiente mensaje: la identidad sexual puede “deconstruirse” y la masculinidad y femineidad no son más que “roles de géneros construidos socialmente”.
De esto se trata el feminismo de género. No son unas pobres mujeres más o menos locas que manifiestan espontáneamente su odio a los hombres. No. Detrás, aunque sea descabellada, hay una teoría que sustenta esta auténtica ideología. No son un grupo de mujeres tratando de facilitar el acceso fácil de las mujeres al poder. Quieren el poder para usarlo a favor de su movimiento feminista global. Esa es la razón de que en el Parlamento uruguayo, exista desde hace años la “Bancada Femenina”, única que está por encima de los partidos. No es casualidad, como nada de lo que proviene del “feminismo de género”. Nada es improvisado. Todo está fríamente calculado y exactamente medido. En Argentina empezaron hace años a atacar las iglesias. Aquí empezaron este año haciendo una demostración de fuerza delante de la Catedral metropolitana mientras sostenían una enorme pancarta que decía: “DIOS HA MUERTO”. No son unas pobres drogadictas poseídas por un veneno que les quema el cerebro. Forman parte de un movimiento internacional, llevan adelante una agenda. Y finalmente, no son víctimas: apenas se les da la oportunidad, se convierten en victimarias.
Álvaro Fernández Texeira Nunes
Nota: Las citas de este artículo están tomadas del trabajo “Ideología de género, sus peligros y alcances”, basado en el informe “La desconstrucción de la mujer” de Dale O´Leary, publicado en 1998 por la Conferencia Episcopal Peruana.
[i] Christina Hoff Sommers, “Who stole the feminism?”, Simon & Schuster, 1994.
[ii] Entrevista a Christina Hoff Sommers en Faith and Freedom, 1994, p. 2.
[iii] Heidi Hartmann, “The Unhappy Marriage of Marxism and Feminism”, Women and Revolution, South End Press, Boston, 1981, p. 5.
[iv] Shulamith Firestone, The Dialectic of Sex, Bantam Books, New York, 1970, p. 12.
[v] Judith Butler, Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity, Routledge, New York, 1990, p. 6.
[vi] Alison Jagger, “Political Philosophies of Womens Liberation”, Feminism and Philosophy, Littlefield, Adams & Co., Totowa, New Jersey, 1977, p. 13.
[vii] Elisabeth Schussler Fiorenza, In Memory of Her, Crossroad, New York, 1987, p. 15.
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