Al ex Presidente José Mujica, lo han entrevistado decenas de periodistas. Sobre todo los extranjeros, se han interesado en conocer su concepto de libertad, su opinión sobre el consumismo, y en general, su “filosofía de vida”, aparentemente tan austera y distinta a la de otros políticos. Muchos de estos reporteros se quedan a menudo desconcertados, por no decir embobados con las respuestas de Mujica, que a menudo los descolocan. Aquí intentaremos analizar algunas declaraciones que el ex Presidente uruguayo ha realizado sobre los temas mencionados, a diversos medios de prensa.

Ante todo hay que reconocer que, al menos en lo que refiere a su teoría de la libertad y sus ideas sobre el consumismo, el pensamiento de “el Pepe” es consecuente En todas las entrevista dice más o menos lo mismo sobre estos asuntos. Lo cual no implica que, al analizar sus teorías, uno no encuentre grandes contradicciones internas[i].

En una entrevista –que es representativa de su pensamiento- dijo que “la austeridad no es austeridad, en el caso nuestro. Es lucha por la libertad. Los que pierden la libertad, son los que se dejan enganchar por la sociedad consumista. Porque cuando Ud. compra algo no lo compra con plata. Lo compra con el tiempo de su vida que tuvo que gastar para tener esa plata. Se es libre, cuando uno tiene tiempo libre para hacer con su vida lo que se le canta. Que es, pa cada cual su motivación. Pa uno puede ser pescar, pa otro puede ser jugar al futbol. Pa otro estar durmiendo abajo de un árbol. Pero hay que tener tiempo libre disponible, de uno. Cuando Ud. tiene que salir a pelear la chaucha, pa los gastos materiales que tiene que cumplir, ya no es un hombre libre. O una mujer libre. Es un hombre o una mujer sometido a la ley de la necesidad. Nosotros lo tenemos muy claro. Entonces no somos austeros porque tenemos mentalidad de cartujos. Somos austeros para tener la mayor cantidad de tiempo posible para dedicárselo a las cosas que nos motivan. Que es una cosa distinta.”[ii]

Prédica individualista

Una de las grandes y más notorias contradicciones de Mujica, es que mientras se autodefine como “socialista”, predica el individualismo más radical. En efecto, cuando Mujica dice que cuando uno compra algo, lo compra “con el tiempo de su vida que tuvo que gastar para tener esa plata”, y que uno es libre, “cuando tiene tiempo para hacer con su vida lo que se le canta”, no está promoviendo el socialismo, sino el individualismo en su versión más extrema. Estas afirmaciones nos recuerdan mucho uno de los comerciales más individualistas, consumistas y egoístas que hemos escuchado: “Mi Magnum y yo”. O a aquel otro: “Hacé la tuya”. Mi tiempo. Para hacer lo que a se me canta. Yo, yo, yo. ¿Y los demás? ¿Y la familia? ¿Y la sociedad? ¿Qué revienten, mientras yo “hago la mía”? A nuestro juicio, este razonamiento, es de un egoísmo escandaloso.

¡Qué diferente es la visión que del trabajo humano tenía San Juan Pablo II!: “El trabajo es un bien del hombre. Si este bien comporta el signo de un «bonum arduum», según la terminología de Santo Tomás; esto no quita que, en cuanto tal, sea un bien del hombre. Y es no sólo un bien «útil» o «para disfrutar», sino un bien «digno», es decir, que corresponde a la dignidad del hombre, un bien que expresa esta dignidad y la aumenta. Queriendo precisar mejor el significado ético del trabajo, se debe tener presente ante todo esta verdad. El trabajo es un bien del hombre —es un bien de su humanidad—, porque mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido «se hace más hombre».”[iii]

Es bastante evidente para cualquier persona sensata, que uno no se hace más hombre centrándose en su propio yo, pasando la vida debajo de un árbol, o pescando mojarritas a la orilla del río. Eso está bien para pasar el rato una tarde de domingo, pero toda persona razonable y honesta sabe que un hombre se hace más hombre, más persona,  cuando abre su vida a los demás, cuando se preocupa por la suerte de su cónyuge, de sus hijos, de sus padres, de sus hermanos, de sus amigos, de sus compañeros de trabajo, y hasta de quienes se cruza por la calle a diario. Por otra parte, el trabajo humano, no tiene como fin exclusivo la manutención básica de cada individuo, como plantea Mujica, sino que tiene además una dimensión social, que empieza por mantener a la propia familia, célula básica de la sociedad, y sigue por pagar los impuestos debidos, lo cual es una forma de contribución al bien común.[iv] Insólitamente, Mujica, partidario de un régimen de gobierno socialista, olvida sin más la dimensión social del trabajo que, por supuesto, si bien empieza por la familia, va mucho más allá de ella: la carretera que con su trabajo hacen el Ingeniero Civil, el obrero, el camionero y el vendedor de cemento (entre otros), la utiliza otro camionero para transportar carne, madera o soja, que se exportan y generan divisas para el país. Para Mujica, parecería que esto no existe. Y si existe, no importa.

Es cierto que el dinero y el consumo a veces esclavizan, cuando uno vive pendiente de ellos. Es cierto que quien lleva una vida sobria y austera, goza de un mayor grado de libertad que quien está apegado a los bienes materiales. Es cierto que el trabajo insume tiempo de vida. Y es cierto que todos tenemos que trabajar para vivir.

Lo que no es cierto, es que el trabajo nos quite libertad o que nos esclavice. Quien eso afirme, jamás padeció la terrible esclavitud del desocupado, del que busca empleo y no lo encuentra. Por supuesto que ante el derecho y el deber del hombre al trabajo, siempre está la alternativa de la vagancia. Es posible para algunos, vivir de limosnas, de los Planes de Emergencia que pagan los que sí trabajamos todos, o de la caza y de la pesca en rincones remotos del planeta. Ahora bien, ¿por qué la mayor parte de los seres humanos busca otro tipo de ocupaciones? Porque -como admite el propio Mujica en otra entrevista- “el hombre es gregario, no puede vivir en soledad. El hombre necesita de la sociedad.”[v] Como contrapartida,  la sociedad necesita del hombre. Y de su trabajo.

Tampoco es cierto que todos vivamos exclusivamente para trabajar. Todos tenemos la posibilidad –no exenta de consecuencias- de trabajar más o menos horas, de decidir si queremos tener más o menos cosas, si queremos tener más o menos tiempo libre, más o menos hijos… Así, algunos decidirán trabajar el doble y reducir el número de hijos, o incluso no casarse en su ansia por acumular bienes. Otros, se contentarán con cambiar el auto y el celular o la computadora cada año. Y otros, optarán por tener familias numerosas, o por dedicar parte de su tiempo, cuando no su vida entera, al trabajo voluntario al servicio de los más necesitados. En la práctica, lo que suele ocurrir en Uruguay, es que una enorme cantidad de compatriotas se ve forzada a trabajar más y más horas…, pero no para consumir más y más, sino para pagar más y más impuestos, y una canasta básica más y más cara…

Tampoco es cierto –como parece dar a entender Mujica-, que el consumo al que aspira la ciudadanía sea todo “suntuario”.  Hoy en día, mal que bien –y gracias al pésimo servicio de transporte urbano- en Montevideo, para muchos es una necesidad tener algún medio de transporte en cada familia (auto, moto o bicicleta). Es una necesidad tener un celular. Es una necesidad tener sociedad médica, es esencial un microondas y un lavarropas, y es básico una estufa en invierno y al menos un ventilador en verano. Y es una obligación, sin posibilidad alguna de evasión, pagar impuestos exorbitantes…

Tampoco es cierto que “hacer con su vida lo que se le canta”, sea el fin último del hombre. Puede que lo sea para Mujica, pero no para los grandes pensadores de la Historia. Desde el Génesis, donde se dice que el hombre fue puesto en la Tierra “ut operaretur” –para trabajar- (Gn, 2, 15), hasta el imperativo categórico de Kant, la Humanidad siempre ha tenido la idea clara de que “el trabajo dignifica”, y de que todo hombre debe contribuir con su trabajo a la sociedad en la que vive, ya sea tocando el arpa, revocando una pared o talando un árbol. Algunos periodistas parecen maravillados cuando Mujica parece echar por tierra estas verdades tan fundamentales. Y ninguno parece darse cuenta de que las medias verdades, son a veces peores que las mentiras.

La felicidad

Mujica también –en frase que compartimos- que “la felicidad está dentro tuyo”[vi], esa felicidad no puede ser arrancada ni por la pérdida ni por la restricción de la libertad; ni por las circunstancias exteriores, ni por la muerte siquiera. En otras palabras, si la felicidad está dentro de cada persona, ella no depende de las circunstancias externas. Y si depende de las condiciones externas, entonces no está dentro de la persona. Las alternativas son mutuamente excluyentes.

Es evidente además, que hay gente que es muy feliz trabajando, le guste más o menos lo que hace en cada momento. No pierde tiempo trabajando, porque está haciendo lo que “se le canta”. A veces por motivadas por fines humanitarios, y a veces por fines sobrenaturales, son muchas las horas que en la sociedad actual se dedican al trabajo voluntario. Y son muchos los miles y miles de dólares que se donan a diferentes obras de caridad o de ayuda social. Ese dinero, sale del trabajo de gente que en lugar de consumir, deja de hacerlo para ayudar solidariamente a otros. Hay personas como las Misioneras de la Caridad, que deciden, libremente, dedicar su vida entera a socorrer a los más pobres y olvidados de la sociedad, sin percibir por ello compensación económica alguna[vii]. Y son increíblemente felices. Ello demuestra a las claras que el consumo de bienes materiales, no es necesariamente, el fin último de todo ser humano.

Tres tipos de motivaciones

Llegados a este punto, vale la pena comentar lo que, acerca de las motivaciones humanas, comentan algunas de las más importantes escuelas de negocios del mundo[viii]. Aplicadas a la labor diaria, se puede decir que el hombre trabaja, básicamente, por tres tipos de motivaciones:

Las primeras son, lógicamente, las motivaciones extrínsecas, las que vienen impuestas desde fuera: hay que comer, hay que pagar impuestos, por tanto hay que trabajar para ganar dinero.

Las segundas, son las motivaciones intrínsecas, a las que podríamos llamar motivaciones personales: desarrollar una vocación profesional, criar una familia, ejercitar determinados talentos al servicio propio y ajeno, etc. Hay legiones de hombres y mujeres que se realizan plenamente como personas a través de su trabajo; y hay legiones de hombres y mujeres que pudiendo cambiar de trabajo por uno mejor rentado, prefieren quedarse donde están, haciendo lo que les gusta.

El tercer tipo de motivaciones, son las que se denominan trascendentes: quienes trabajan movidos por ellas, son capaces de entregar su vida entera por un ideal (un científico que se dedica a buscar una cura para el cáncer); por una causa (un héroe dispuesto a entregar su vida por la causa en la que cree); o por a Dios y al prójimo, como tantas personas que viven sus vidas entregadas totalmente al servicio de su Creador.

No resultaría extraño, que el propio Mujica se sintiera identificado con el tercer tipo de motivaciones (las trascendentales), porque al fin y al cabo, él se ve a sí mismo como un luchador que ha dedicado su vida a combatir por una causa que cree justa. Si esto fuera cierto, resultaría insólito –y por supuesto contradictorio-, que no se de cuenta de que es posible que otras personas, además de él, pueden estar motivadas por objetivos de vida distintos de ganar dinero o de consumir bienes materiales. Y aunque hoy haya mucho materialismo y mucho consumismo, el mundo está lleno de ejemplos de entrega, de amor, de heroísmo, de sacrificio de hombres y mujeres por el bien común. Creerse único, no parece la actitud propia de una persona humilde…

¿El más pobre del mundo?

Arriba dijimos que Mujica se considera socialista. En efecto, en una entrevista señaló que para combatir el consumismo, es necesario el socialismo[ix], ya que “esto es una máquina de devorar vida. De apropiarse del tiempo de la vida. Es la forma de esclavización contemporánea. En mi país la gente está luchando por las seis horas. Pero no pa trabajar menos, es pa tener dos trabajos, en el punto de vista práctico, pa tener otro trabajo más, es decir, trabajar más que antes. Porque tiene la imperiosa necesidad de consumir más. Porque cada vez que se sienta frente a una pantalla de televisión, tiene desde niño el bombardeo: “consumí, consumí”, y felicidad humana es comprar más cosas. A esa civilización estamos sometidos.[x]

Cuando Mujica dejó la Presidencia, estaba ganando un salario de aproximadamente 12.500 dólares[xi], de los cuales, se dice que donaba el 90%. Sin embargo, a menudo se olvida señalar que en ese mismo período, su mujer, la Senadora Topolansky, ganaba –a valores de Enero de 2017-, un sueldo equivale a U$S 7.700 dólares[xii], que iban a alimentar el núcleo familiar, compuesto sólo por la pareja. Las donaciones que puedan hacer, serán muy loables, pero lo cierto y lo concreto es que en el hogar del “Presidente más pobre del mundo”, entre 2010 y 2015 entraban más de U$S 20.000 por mes. Por  y otra parte, no es ocioso recordar que Lucía Topolansky fue Diputada de 2000 a 2005, y que ha sido Senadora desde ese año hasta la fecha, ya que ingresó a la Cámara Alta como suplente de Mujica cuando este asumió la titularidad del Ministro de Ganadería. Por su parte, el ex Presidente, fue electo Diputado por primera vez en 1994, y Senador en 1999, 2005 y 2015.

A nuestro juicio, es muy fácil opinar sobre el consumismo, hacer filantropía y filosofar sobre la vida ajena cuando uno tiene, desde hace varios lustros, cargos políticos pagos por el pueblo. Es muy fácil, en esas condiciones, dedicar el tiempo libre a “lo que a cada uno se le canta”, sobre todo cuando la actividad que a uno lo motiva, es tan lucrativa.

En síntesis, Mujica habla de libertad y de tiempo libre, cuando él y su mujer tienen la vida solucionada…  Mujica y Topolansky “gastan” su libertad y su “tiempo de vida” en una actividad tremendamente rentable, y que además, les encanta. Las donaciones que hagan puede ser muy loables, pero al menos desde 1994, no tienen que “pelear la chaucha” como cualquier hijo de vecino. Nunca van a pasar hambre, ni van tener que estar contando los pesos para llegar a fin de mes como el resto de sus compatriotas. Si viven austeramente, es por decisión propia, no por necesidad. Si el costo de vida aumenta, donan un poco menos y listo. Para el ciudadano común, esa opción no existe. Cuando los costos de vida y los impuestos aumentan, el uruguayo medio, cuyo margen económico es mucho más acotado que el de Mujica, debe pagar la luz, o se la cortan. Debe pagar el teléfono, o se lo cortan. Debe comprar arroz, o sus hijos no comen.

Por tanto, es un error rayano en el insulto sostener que todo el que elige trabajar doble horario, lo hace para consumir más y más. La gente trabaja el doble porque si trabaja sólo seis horas, sencillamente no come. No llega a fin de mes. Esta es una realidad que el Sr. Mujica, evidentemente no conoce porque no la ha vivido. Y en esto, es exactamente igual a la inmensa mayoría de los Presidentes del mundo.

A modo de final

Cada quien podrá sacar sus propias conclusiones de este repaso de la “filosofía mujiquista” respecto de la libertad y del trabajo. La nuestra es que Mujica, se diga lo que se diga, es un hombre contradictorio:

  • Fiel a su lema “como te digo una cosa, te digo la otra”, amparado en banderas socialistas, proclama el individualismo más radical.
  • Su teoría de que la gente sólo trabaja por dinero y por afán de acumular bienes materiales, se da de patadas con la realidad. Si la gente en Uruguay trabaja cada vez más y más horas es, en primer lugar, porque el costo de vida es escandalosamente alto y porque la carga tributaria es insoportable. El que para algunos es el “Presidente más pobre del mundo”, no conoce esta realidad. Lo cierto es que mientras vivan, ni a él y su mujer les va a faltar nada, nunca van a padecer hambre, ni apremios económicos, ni van a tener problemas para llegar a fin de mes. Austeridad y pobreza, austeridad e indigencia, son cosas muy distintas.
  • Aclamado en medio mundo, ni Mujica ni sus admiradores parecen darse cuenta que fue su propio partido político el que terminó con aquella “edad dichosa, siglos dichosos, en que lo mío y lo tuyo no nos separaba”[xiii]. Hubo un tiempo en Uruguay, donde “naides era más que naides”, pero no porque todos tuvieran lo mismo, sino porque todos respetaban al otro, porque no existía, en el grado en que existe hoy, el destructivo odio de clases que asola sociedad uruguaya. La división social, la destrucción del tejido social, es fruto del individualismo materialista… sembrado durante años –gran paradoja- por políticos “socialistas”.

Más allá de lo pintoresco que pueda resultar el “Pepe”, finalizado su gobierno, quedó claro que lo que este país necesita, no son las lecciones de un filósofo de boliche. Lo que este país necesita, es reducir el tamaño del Estado y la carga fiscal sobre trabajadores y empresarios. Lo que este país necesita, es un gobierno que ejerza la autoridad, que respete la ley y defienda al inocente. Lo que este país necesita, es gente que trabaje más y con mayor intensidad. Lo que este país necesita es fomentar el respeto entre las personas, no el odio entre las clases. Lo que este país necesita, es un sistema de salud confiable, donde sea imposible la corrupción. Lo que este país necesita, es un sistema educativo donde los padres puedan elegir libremente la educación que prefieren para sus hijos. Lo que este país necesita son modelos y resultados académicos similares o superiores a los que tuvimos durante todo el Siglo XX, y no el regreso al analfabetismo prevareliano. Lo que este país necesita, es sensatez, honestidad y dignidad en sus gobernantes: para que los más infelices sean los más privilegiados, para que haya “regocijo abajo”, debe haber “dignidad arriba”. Un político cuyo objetivo es que los ciudadanos pasen más tiempo tirados debajo de un árbol o haciendo lo que se les canta, más que un socialista, parece un fan de Garfield.

Álvaro Fernández Texeira Nunes

[i] Es necesario aclarar que no pretendemos aquí, juzgar la intencionalidad –buena, mala o neutra- de las teorías de José Mujica. Solo pretendemos analizarlas a la luz de una parte de la realidad que el Presidente Mujica, y muchos de sus entrevistadores, a nuestro juicio, no ven.

[ii] https://www.youtube.com/watch?v=whFm75ORPbE

[iii] http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091981_laborem-exercens.html

[iv] Es por eso que la Constitución de la República protege y ampara al matrimonio y a la familia, por la contribución que suponen los hijos para supervivencia de la sociedad.

[v] https://www.youtube.com/watch?v=iMHUCkTORkE

[vi] https://www.youtube.com/watch?v=1nIzympwlXA

[vii] Un periodista le dijo una vez a la Santa Teresa de Calcuta: “Yo no haría lo que Ud. hace, ni por un millón de dólares.” Madre Teresa le contestó: “Yo tampoco.”

[viii] El primero en proponer esta teoría de los motivos de las acciones humanas, fue Juan A. Pérez López: (https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Antonio_P%C3%A9rez_L%C3%B3pez#Motivaciones_y_motivos)

[ix] https://www.youtube.com/watch?v=iMHUCkTORkE

[x]https://www.youtube.com/watch?v=iMHUCkTORkE

[xi] http://www.cuanto-gana.com/cuanto-gana-el-presidente-de-uruguay

[xii] https://parlamento.gub.uy/camarasycomisiones/senadores/transparencia/sueldos. Se toman como referencia los sueldos nominales y se Incluye la partida por gastos de representación.

[xiii] Cita del Quijote, en palabras textuales de José Mujica https://www.youtube.com/watch?v=iMHUCkTORkE

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