Hace ya bastante tiempo la foránea “ideología de género” pretende imponerse en nuestro país. En nombre de la tolerancia y la diversidad, sus partidarios “saltan” como pelotas cada vez que alguien los contradice. Algunos hechos ocurridos las últimas semanas, en nuestro plural y tolerante Uruguay, son representativos de este estado de cosas.El primer episodio lo protagónizó el Diputado Álvaro Dastugue, quien al ser entrevistado por Búsqueda, refiriéndose a las leyes de aborto, matrimonio igualitario y marihuana, sostuvo: “no me cabe duda que deberíamos revisar esas leyes que entendemos no le hacen bien a la sociedad”.  Inmediatamente, el Directorio del Partido Nacional se distanció de esta declaración expresando que “las únicas opiniones válidas como posición de Partido, son aquéllas emanadas de sus autoridades orgánicas”. Quizá no reparó el Directorio es que si alguien dice “no me cabe duda”, está hablando en nombre propio y no del Partido, aunque hable en plural… O quizá sí, porque más adelante la declaración expresa que el Directorio “reivindica el derecho de todos los individuos a vivir según sus concepciones personales, sin más restricciones que las derivadas del ordenamiento jurídico” y que “respeta el derecho de todas las personas a expresar libremente sus opiniones personales”. Es de esperar que el Dip. Dastugue esté incluido entre las personas que pueden expresarse libremente… Lo que no queda claro es el por qué de la declaración, si tanto se respeta la libertad de expresión…

En torno al mismo tema el Senador Larrañaga tuiteó: “No permitiremos que se afecten las conquistas. Los derechos no se tocan. El PN en esto ni un paso atrás”. Lo cual no deja de ser sorprendente, ya que el propio Jorge Larrañaga, cuando fundamentó su voto en contra de la  ley del aborto el 17 de octubre de 2013, dijo: “En definitiva, señor Presidente, no acompañamos este proyecto de ley por las razones expuestas y adelantamos de manera clara e inequívoca que en caso de que en las próximas instancias electorales nuestro Partido sea preferido por la ciudadanía para conducir los destinos del Uruguay, a partir del año 2015 vamos a derogar esta ley. Quiero que quede expresa constancia de lo que es nuestra orientación como Partido Nacional. El Partido Nacional no rechaza ninguna iniciativa que se pueda dar para llevar adelante la derogación o la eliminación de esta iniciativa legislativa si la misma se consagra en ley, ya sea por vía plebiscitaria o por vía de derogar con otra ley la que hoy -si todo se presenta como está previsto- terminará por sancionarse.” En síntesis, Larrañaga sobre el aborto, dijo lo mismo que Dastugue, pero con mucho más contundencia, y en nombre del Partido Nacional.

También en nombre del Partido Nacional habló Larrañaga cuando el 22 de marzo de 2009 le dijo a un periodista de El País: “La posición del Partido quedó plasmada en la discusión de esa iniciativa. Estamos a favor de la unión concubinaria, pero no a favor del matrimonio homosexual. Tenemos un concepto tradicional de la familia hombre-mujer.” Pasadas las elecciones su posición personal se apartó de la que según él, era la posición del Partido, y votó a favor de la ley de “matrimonio” igualitario, aprobada el 30 de noviembre de 2012.

Días después del “caso Dastugue”, apareció colgado en un balcón de la Casa del Partido Nacional, un lacito con los colores del orgullo gay, en una clara toma de posición a favor por parte del Directorio, en un tema que por lo menos, es opinable, y con el que una inmensa cantidad de blancos discrepamos. Y es opinable, porque una cosa es el profundo respeto que uno pueda sentir por las personas homosexuales –respeto que puede llegar a un entrañable cariño y a un auténtico amor, cuando se trata de parientes y/o amigos-, y otra cosa muy distinta es adherir a la militancia a favor de un lobby que pretende imponer una ideología contraria a la naturaleza humana, al Derecho Natural, y por tanto, a la Constitución de la República. Para colmo, esa militancia -como demuestra una foto reciente de Búsqueda-, no se contenta con defender presuntos “derechos”, sino que parece gozar burlándose de la Iglesia Católica e incitando al odio y al desprecio de la misma: no otra cosa hacen los “Hermanitas de la Perpetua Indulgencia” cuando participan de los desfiles del “orgullo gay” disfrazados de monjas…

Hay quienes dicen que el lacito se colgó en el balcón de la Casa del Partido Nacional debido a que el Directorio decidió adherir a todos los “Día de …” y quedó embretado… Pues el 29 de junio fue el Día del Papa, y por suerte no se vio ondear la bandera del Vaticano desde los balcones de la vieja sede partidaria: habría sido tan ridículo y desubicado como lo del “lacito”…

El tercer hecho, comentado hasta el cansancio por la prensa y en las redes, es el del Liceo IPOLL, en la ciudad de Salto. No vamos reiterar lo que todo el mundo ya sabe: solo queremos comentar unas declaraciones realizadas por la Diputada Manuela Mutti a El País el día 3 de junio: “Mutti dijo que en la actividad solo se presentó una posición, por lo que dijo que no se puede catalogar a la actividad de informativa, sino de “adoctrinamiento”. “No contó con panelistas que profesaran ideas contrarias, por lo que también denunciamos el intento de adoctrinamiento llevado a cabo por personas vinculadas a colegios privados católicos”, aseveró también la diputada salteña.”

Cualquiera que conozca mínimamente el sistema educativo uruguayo, sabe que desde hace ya muchos años, en todo el sistema público y parte del privado, quienes presentan “una posición”, quienes procuran el “adoctrinamiento” de los niños, son precisamente, los –¡y las!- “ideólogos de género”. Jamás han invitado ellos, por voluntad propia, a “panelistas que profesaran ideas contrarias”, y por tanto, cuando ello ocurrió en un liceo público, los adoctrinadores de género pusieron el grito en el cielo: “¿Cómo alguien osa cuestionar, e incluso contradecir la versión gubernista y políticamente correcta de la educación sexual?”

Seamos claros: la ideología de género, es dogmática y totalitaria. En efecto, la primera acepción del término “dogma” -según la Real Academia Española- es “Proposición tenida por cierta y como principio innegable.” Es obvio por tanto que si ciertos políticos no quieren –o más bien, si no se atreven…- a revisar las “conquistas” que en materia de “derechos” se han hecho en los últimos años, es porque tales “derechos” los consideran “ciertos” y como “principios innegables”. Dicho de otro modo: tan dogmas son, que no se quieren revisar. Algunos pensarán que todos deberíamos estar de acuerdo con semejantes dogmas, y quizá por eso cuelgan símbolos en sedes partidarias. Quizá por esa misma razón, se oponen a que se informe sobre formas alternativas de encarar la sexualidad o un embarazo inesperado…

Hay por tanto, un par de cosas que al menos a quien esto escribe, le quedan claras: primero, que en Uruguay, la imposición de la ideología de género tiene carácter dogmático y totalitario. Lo cual atenta contra la libertad de expresión de quienes no comparten esta auténtica manifestación de la “dictadura del relativismo”. Segundo, hacen falta hombres y mujeres de a pie, creyentes y no creyentes, que en todos los partidos políticos se alcen contra el servilismo de las autoridades partidarias y estatales respecto de esta ideología, y que las enfrenten con seriedad y determinación. Porque como expresamos arriba, una cosa es el respeto hacia los estilos de vida de otras personas, y otra cosa es la alineación con los objetivos de quienes promueven una reingeniería social contraria a la naturaleza, y unos “derechos” muy distintos de los derechos fundamentales, inherentes a la personalidad humana, que nuestra Carta Magna reconoce a todo ser humano.

Álvaro Fernández Texeira Nunes

 

 

 

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