Todos estamos de acuerdo en la importancia de la educación sexual, y en la necesidad de que a su debido tiempo, los niños vayan recibiendo instrucción en ese sentido. Algunos incluso prefieren algo más amplio e integral, y la llaman “educación en la afectividad”. Por tanto, el dilema generado en nuestro país a partir de la publicación  de una nueva propuesta oficial para el abordaje de la educación sexual, no está planteado en términos de “educación sexual SÍ / educación sexual NO”, sino en términos de “qué tipo de educación sexual -con qué base filosófica, antropológica, psicológica, sociológica- quiero para mis hijos…”

“Es importante –dice la Propuesta en la pág. 36- comunicar a las familias que la educación sexual es un derecho de los niños, niñas y adolescentes, por lo cual los padres, madres y/o referentes familiares no pueden permanecer indiferentes a dicho derecho, aún cuando no coincida con sus valores y creencias.” ¿Quiere decir esto que si un padre no está de acuerdo con la ideología de género, debe aceptar que a sus hijos los adoctrinen en ella? ¿Quiénes son las autoridades de ANEP para imponer dogmáticamente, un modelo hegemónico de educación sexual para los niños de las escuelas públicas, basado en la ideología de género? ¿Desconocen los autores de la guía que a la escuela pública asisten niños de las más diversas religiones, y que imponerles una corriente de pensamiento filosófico única implica violar la laicidad? ¿Desconocen las autoridades la Ley de Educación y el Estatuto del funcionario docente?

En efecto, el Art. 17 de la Ley de Educación 18.437, garantiza “el tratamiento integral y crítico de todos los temas en el ámbito de la educación pública, mediante el libre acceso a las fuentes de información y conocimiento que posibilite una toma de posición consciente de quien se educa. Se garantizará la pluralidad de opiniones y la confrontación racional y democrática de saberes y creencias.”

Lo mismo ocurre con el Estatuto del Funcionario docente, que establece entre sus deberes, “respetar la individualidad de los educandos, ajustándose en su conducta a los principios de dignidad, igualdad y solidaridad humana; garantizar plenamente la independencia de la conciencia moral y cívica del educando, ya que la función docente obliga al tratamiento integral, imparcial y crítico de las diversas posiciones o tendencias relativas al estudio y la enseñanza de la asignatura respectiva; abstenerse de hacer proselitismo de cualquier especie (…) la violación de este inciso será preceptiva causal de destitución.” El Estatuto reafirma además la defensa de la libertad del educando cuando, en el Art. 4 se regulan los derechos específicos del funcionario docente: “La libertad de conciencia y la libertad de opinión, sean éstas de orden religioso, filosófico, político o de cualquier otra índole, dentro del más estricto marco de laicidad, preservando la libertad de los educandos ante cualquier forma de coacción.”

Aunque la guía reconoce que “género” es una “categoría” que está “en debate”, igual “se asume como concepto integrador”. Explícitamente, la Propuesta de ANEP toma partido por esa corriente de pensamiento filosófico, con lo cual queda en evidencia una doble violación a la laicidad: por un lado, se viola el derecho de los padres a educar libremente a sus hijos en los principios y valores que consideren adecuados; por otro, se viola la libertad de conciencia moral y cívica de los educandos, ya que se los coacciona a aceptar la ideología de género como si se tratase de una verdad revelada, y no como una entre otras igualmente válidas.

Como si ello fuera poco, la propuesta genera confusión en niños pequeños, donde antes no la había, donde de no tratarse los temas que se tratan, muy difícilmente se plantearían conflictos o dudas. La inmensa mayoría de los niños, no se plantea jamás la pregunta “¿cuál es mi orientación sexual”, o “¿cuál es mi identidad sexual?” En todo caso, si en alguna oportunidad se plantea, parece mucho más conveniente y sensato intervenir en esa situación concreta, que provocar la duda en todo el alumnado causando una confusión generalizada.

Otro punto que a nuestro juicio es grave, es la reiterada alusión (ocho veces, para ser exactos) a que esta ideología de género está basada en “información científicamente validada”. A esta altura, casi todo el mundo sabe que la ideología de género reduce las diferencias entre hombres y mujeres, a lo anatómico y a lo morfológico. Todo lo demás, según ellos, está determinado por la cultura. Pues bien, el psiquiatra infantil Trond Diseth[i], Consultor Jefe de la Clínica de Niños del Hospital Universitario de Oslo (Noruega), experto en comportamiento y funcionamiento cerebral, comprobó experimentalmente que, al poner niños de nueve meses frente a cuatro juguetes masculinos, cuatro juguetes femeninos y dos neutros, prácticamente todos los varones eligieron juguetes masculinos, y las niñas juguetes femeninos. Dice Diseth que “los niños nacen con una clara disposición biológica de género y comportamiento sexual.” Por su parte, el Dr. Simon Baron-Cohen, miembro de la Academia Británica y profesor del Departamento de Psiquiatría y Psicología Experimental de la Universidad de Cambridge, investigó la reacción de bebés de un día de edad, ante objetos mecánicos, o ante rostros que se pusieron dentro del campo visual de los recién nacidos. Las niñas dirigieron mayoritariamente su mirada hacia los rostros y los niños dirigieron mayoritariamente su mirada a los objetos mecánicos. Este científico sostiene en un artículo titulado “It’s not sexist to accept that biology affects behaviour”[ii] (No es sexista aceptar que la biología afecta el comportamiento) lo siguiente: “No queremos volver a la visión de los años sesenta, de que la conducta humana está determinada únicamente por la cultura. Ahora sabemos que esta opinión estaba profundamente equivocada. Nadie discute que la cultura es importante para explicar las diferencias sexuales, pero no puede ser toda la historia.”

Desde otra especialidad, el Dr. Richard Lippa[iii], demostró que en los países más desarrollados, las personas, al ser más libres, eligen los empleos que más les gustan. Ello explica que en Noruega, donde la “igualdad de género” es la tercera más alta del mundo, alrededor del 90% de los ingenieros son varones, y cerca del 90% de las enfermeras son mujeres. Mientras tanto, en países donde las personas trabajan en lo que pueden y no en lo que querrían si fueran enteramente libres de elegir, se encuentran más mujeres trabajando en tecnología y otras áreas típicamente masculinas.[iv] El estudio del Prof. Lippa abarca más de 200.000 mujeres y hombres en 53 países de Europa, América, África y Asia.

Por su parte, la psicóloga evolutiva Anne Campbell de la Universidad de Durham, Inglaterra señala que, “sobre la base de un profundo -e incluso deliberado- malentendido respecto de la teoría evolutiva, hemos sido objeto de la hostilidad feminista de “estudios de género”, que nos ha acusado de querer mantener a las mujeres en su lugar. La teoría evolutiva, argumentan, implica una diferencia “esencial” (léase biológica) entre los sexos. Aunque no pueden negar las diferencias entre los órganos reproductivos, se niegan a aceptar que haya diferencias por encima de la pelvis. Y mantienen esa visión a pesar de que se dan cuenta que la testosterona atraviesa la barrera hematoencefálica, que los fetos femeninos expuestos a sobredosis de esa hormona desarrollan en el útero intereses típicamente masculinos, y que los estudios de neuroimagen confirman la existencia de diferencias funcionales y estructurales en la organización cerebral de hombres y mujeres.”[v]

Si se abre el debate sobre la ideología de género a nivel local, lo mínimo que se les pide a sus promotores, es que refuten los estudios citados arriba -y otros muchos que andan por ahí- con evidencia científica de igual o mayor nivel de seriedad. Si no la tienen, deberán admitir que están equivocados.

Para terminar, no deja de ser extraño que una guía de educación sexual, sea financiada por un organismo de la ONU, cuyo fin es promover el control de la población mundial. Prestemos atención a lo que nos dice Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”: “¿Qué se proponen los herederos de Malthus sino matar a todos los próximos mendigos antes de que nazcan? Robert McNamara, el presidente del Banco Mundial que había sido presidente de la Ford y Secretario de Defensa, afirma que la explosión demográfica constituye el mayor obstáculo para el progreso de América Latina y anuncia que el Banco Mundial otorgará prioridad, en sus préstamos, a los países que apliquen planes para el control de la natalidad.”

¿Paranoia? Quizá. Pero uno se pregunta por qué, a niños de 3 años de edad en adelante, se les adoctrina en el uso de anticonceptivos. Y ello, en un país despoblado, cuya tasa de fecundidad está por debajo de la necesaria para reponer su población…

Álvaro Fernández Texeira Nunes

[i] https://www.sciencedaily.com/releases/2016/07/160715114739.htm

[ii] https://www.theguardian.com/commentisfree/2010/may/03/biology-sexist-gender-stereotypes

[iii] Richard Lippa tiene dos doctorados, es Profesor de Psicología en la Universidad de California y tiene decenas de trabajos académicos publicados por prestigiosas editoriales científicas.

[iv] http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1751-9004.2010.00320.x/abstract

[v] https://blog.oup.com/2014/02/evolutionary-psychology-affront-feminism/

 

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