Don Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, estuvo en Uruguay en Agosto de 1998. En aquel entonces, lo acompañamos en diversas tertulias celebradas en distintos puntos de Montevideo. A la salida de una visita que hizo a la Residencia Montefaro, casi lo atropellamos con Magdalena, mi esposa, y él, con paternal amor, bendijo en la panza al hijo que estábamos esperando.

El 2 de diciembre de ese año, acompañé a Magdalena a hacerse una ecografía. Nos informaron que el bebé había muerto. Pasamos un par de noches en la Maternidad del sanatorio, y allí aprendimos que el llanto de los niños es la música de la vida. Fue el momento más duro de nuestras vidas, pero no fue estéril. Nos dio mucha paz en medio del dolor, saber que nuestro hijo, no nacido ni bautizado, se fue con la bendición de tan gran Padre…

Porque Dios, en su infinita bondad, no da puntada sin hilo… A raíz de aquella pérdida, Magdalena y yo nos fuimos comprometiendo más y más con la causa provida y profamilia. En 1999, ella inició una especie de boletín titulado “Revista Virtual de la Asociación Vivir en Familia”, que enviaba por mail. Al poco tiempo tomé las riendas de la publicación que llegó a enviar a unos 3.000 suscriptores con frecuencia quincenal, durante cinco años. Antes de que existieran Hazte Oír o Change.org, desde nuestra computadora y contando sólo con la base de datos de nuestros suscriptores, hicimos también algunas “campañas virtuales”. La primera, fue en defensa de una Directora del Instituto de la Familia y la Mujer, a la que querían destituir por manifestarse públicamente contra de legalización del aborto. Tuvo bastante éxito, al menos por un tiempo.

Cuando empezamos con nuestra publicación, la tarifa plana prácticamente no existía, y todas las conexiones eran por teléfono. A fines del año 2002, durante la peor crisis económica del país, la cuenta de teléfono se nos fue a las nubes. Fue entonces que decidimos pedir, en nombre de nuestra Asociación, y para poder seguir publicando la Revista, la donación de la conexión a Internet con tarifa plana a una empresa local. A los pocos días nos notificaron que la conexión gratuita había sido aprobada. Un 12 de Diciembre, Fiesta de la Virgen de Guadalupe, nos instalaron la antena. ¿Casualidad? No parece, porque dicen los que saben, que la Guadalupana es una de las pocas imágenes en que la Virgen aparece embarazada. Y por eso es la patrona de los movimientos provida a nivel mundial. ¿Cómo no ver tendida, cuando más lo necesitábamos, la mano de María?

Al poco tiempo pude comprobar, nuevamente, que Dios no se deja ganar en generosidad. A fines del año 2003, integré –inesperadamente- la delegación uruguaya que representó a Mons. Nicolás Cotugno en un encuentro de la Comisión de Familia del CELAM. El encuentro tuvo lugar en México, y se clausuró con una Misa en la Basílica de Guadalupe, presidida por el Cardenal Rivera y concelebrada por todos los Obispos y sacerdotes que participaron del mismo. Después de la Misa, a los participantes del encuentro nos permitieron acercarnos, por detrás del presbiterio, a la famosa tilma de Juan Diego con la imagen original de Nuestra Señora de Guadalupe. Allí pude agradecerle “en persona” a la Virgen, por tantas gracias recibidas…

Así, cuando el 12 de diciembre de 2016 recibí la noticia de que nuestro querido Don Javier había partido a la Casa del Padre, tuve sentimientos y pensamientos encontrados. Por un lado, la realidad de que con su muerte, se cerraba una época: ya no volveríamos a escuchar su voz, ni a ver su figura desgastada por Amor a sus hijos y a la Iglesia. Por otro, la paz que da la certeza de su santidad.

Don Javier era un Padre con corazón… de Padre y Madre a la vez, pues en él llevaba a la Virgen… Y ella, se lo llevó con una postrer caricia, como a sus predecesores: San Josemaría, quería morir mirando una imagen de la Virgen, y su deseo le fue concedido. Falleció en su despacho, mirando a la Guadalupana. Don Álvaro, falleció horas después de celebrar su última Misa en el Cenáculo. Y Don Javier, en esta fiesta tan entrañable de Nuestra Señora… Demasiadas casualidades juntas como para no ver detrás del tránsito al Cielo de estos hombres, la mano de Dios. Y la de su Madre.

Este 12 de Diciembre se agolpan en mi memoria estos recuerdos que, considerados aisladamente, parecen simples casualidades. Sin embargo, cuando uno los mira en perspectiva, las pinceladas sueltas permiten adivinar el cuadro que algún día, si Dios quiere, veremos completo. Al contemplar semejante obra, uno podría caer en la tentación de reclamar o esperar de Nuestra Madre, nuevas gracias especiales. Entonces, la Virgen se acerca y nos susurra al oído: “hoy, hijo mío, no tengo nada extraordinario para regalarte. Sólo lo de siempre: a mi Hijo Jesús, en la Eucaristía…”

Álvaro Fernández Texeira Nunes

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