Quiero compartir con los amigos de las redes sociales, con amigos de la vida y con todo el blancaje que “vibra y arde en la calle”, una reflexión sobre una de las decisiones más tristes y duras que me he visto obligado a tomar en mi vida: mi temporario alejamiento del Partido Nacional.Este lunes 16 de abril asumirá como Presidente del Directorio del Partido Nacional, la Esc. Beatriz Argimón, notoria y ferviente promotora de la ideología de género. Quienes me conocen, saben que hace aproximadamente 20 años que vengo peleando a favor de una visión antropológica diametralmente opuesta. En muchos ámbitos he procurado promover una concepción del hombre y de la sociedad, acorde con la ley natural y con los principios y valores que siempre defendió el Partido Nacional. Lo hice desde grupos provida, hasta grupos políticos; desde cartas en los diarios, hasta alguna publicación virtual que alguna vez saqué por mi cuenta; desde charlas a diversos grupos, hasta artículos que se pueden encontrar en distintos sitios de Internet…

Durante todos estos años, mi querido Partido Nacional, demostró en el Parlamento –salvo raras excepciones-, estar mayoritariamente a favor de lo que defendió siempre y por tanto en contra de los postulados de la ideología de género. En distintas legislaturas, los blancos votaron mayoritariamente contra el aborto, contra el “matrimonio” igualitario, y contra otras leyes que, de un modo u otro, han sido promovidas por los personeros del “género”. En los últimos tiempos, lamentablemente, se empezaron a dar señales de un cambio –para mi nefasto- en la política del Partido respecto de esta ideología: se acompañaron marchas por el día de la mujer agresivas e insultantes, se colgaron lacitos con los colores del lobby LGBT y con los colores del feminismo de género, en los balcones de la Casa del Partido, etc. Que se haya colgado el lacito amarillo el Día del Niño por Nacer, para mí no cambia nada, desde que no soy ni seré nunca partidario de “barrer con las dos palas”. Y además, siempre creí y creo, que en los balcones de la sede partidaria, las únicas banderas que se deben colgar, son las del Partido y las de la Patria.

A mi juicio, el apoyo a esta ideología, implícitamente manifiesto en la elevación a la Presidencia del Directorio de una de sus más contumaces defensoras dentro y fuera del Partido, es un profundo error. En mi opinión, esta fantasiosa visión antropológica, contradice claramente los principios y los valores que históricamente defendió nuestra colectividad política. Explico por qué pienso así:

1) Los blancos, desde el 10 de agosto de 1836, hemos procurado ser siempre “Defensores de las Leyes”. En mi opinión, ello significa defender ante todo, la Constitución de la República, tanto en la letra como en el espíritu. Y nuestra Carta Magna, es de clara y contundente filiación jusnaturalista. Se funda en la ley natural. Mientras tanto, la ideología de género, desconoce y contraría la ley natural y el derecho natural. Es decir, va contra la letra y el espíritu de la Constitución.

2) Los blancos, siempre nos hemos caracterizado por ser un “partido de hombres libres”. Y es claro y notorio para cualquiera que haya leído “los titulares”, que la ideología de género, es dogmática, hegemónica y totalitaria. No admite que nadie la cuestione. Hay ejemplos muy cercanos, como la intención manifiesta de grupos LGBT, de suspender, o al menos obstaculizar, dos recientes conferencias: la primera de ellas, en el Sindicato Médico del Uruguay, brindada por el Dr. Paul Hruz -prestigioso endocrinólogo estadounidense-, sobre aspectos médicos del “Proyecto de Ley para Personas Trans”; y la segunda, hace pocos días, en el Parlamento Nacional, brindada por dos críticos de esta ideología: los Sres. Agustín Laje y Nicolás Márquez.

3) Los blancos, siempre hemos sido contrarios a toda injerencia extranjera. “Ni la sovietización de las patrias americanas, ni una estrella más en la bandera de ningún imperialismo”, decía Herrera. Pues bien, la ideología de género, nació en los Estados Unidos y antes de llegar acá, hizo metástasis en todo el mundo occidental. Es una ideología que viene haciendo estragos en la cultura de muchos países y que en muy pocos ha logrado ser detenida –pienso en el caso de Perú, que es el más notorio-. De todos modos, el problema de fondo aquí, no son los lobbys LGBT que la llevan adelante, sino más bien, los lobbys malthusianos que los financian. Me refiero a personajes como Soros, los Rockefeller, Bill Gates, Ted Turner, Kissinger con su famoso informe “NSM 200” y otros poderosos del mundo, que lo único que buscan, es controlar la población. Como blanco, me opongo de la forma más radical e irreconciliable al control de la natalidad en mi país –despoblado y lejos de poder reponer su propia población-, por parte de grupos de poder extranjeros.

Quizá algunas de estas razones suenen un poco paranoicas. Hace 15 o 20 años cuando empecé a estudiar el tema, uno decía estas cosas y lo mínimo que podía esperar, era que lo trataran de loco. Hoy, ya se pueden ver algunas manifestaciones claras de colonialismo cultural: por ejemplo, los cambios en el lenguaje. Es conocida la imposición de determinados términos y formas de expresión en el caso de los periodistas, los funcionarios estatales, los jueces, etc. Son notorios los intentos de imponer dogmática y hegemónicamente en la educación pública, manuales de educación sexual con “perspectiva” de género de principio a fin. A todo nivel, la presión cultural de esta nefasta ideología es más que evidente.

Así las cosas, y habiendo peleado como lo hice a favor de una visión antropológica realista, basada en la ley natural -y por tanto frontalmente opuesta a la ideología de género-, no puedo permanecer dentro de una colectividad política presidida por una persona que está en las antípodas de mi pensamiento y de lo que yo entiendo que mi partido fue y debe ser. A nadie le pido que haga lo mismo que yo he decidido hacer. Pero para mí, esto es más o menos como que al Directorio del Partido Nacional, en tiempos de la dictadura, lo presidiera Aparicio Méndez. O como que a una comadreja, se la invitara a presidir un gallinero…

Algunos podrán pensar que todo esto lo digo porque soy machista. A esto respondo tres cosas: primero, que estoy ya bastante crecidito como para que me quite el sueño lo que algunos piensen de mí; segundo, que el “feminismo” al que yo adhiero -si se puede llamar así- es el que propuso el Papa Juan Pablo II en su carta Encíclica Mulieris dignitatem; y tercero, que todas estas ideas acerca de la ideología de género, y de la decisión de poner como Presidente del Directorio a la Esc. Argimón, son compartidas por mi esposa. La cual, como digna tataranieta del glorioso Comandante Juan María Braga, mártir de Paysandú, de sumisa no tiene un pelo. Quienes la conocen, pueden dar fe de ello…

Por último, aclaro me voy para volver, de modo que no me voy con nadie. Con la conciencia tranquila de hacer lo que creo es mi deber en este momento, sólo me voy para mi casa, con la intención de desensillar hasta que aclare. Ya habrá tiempo, si Dios quiere, de volver a ensillar el tordillo, de volver a ponerme el poncho, la golilla blanca y la divisa, y de cabalgar codo a codo con el magnífico pueblo blanco, hacia un Uruguay mejor: “sin perder ni una pilcha del apero.”

No puedo culminar estas líneas, con un “¡Viva el Partido Nacional!”. Pero como una cosa es integrar el Partido Nacional, y otra -no necesariamente relacionada-, ser blanco hasta los huesos, nada me impide gritar, con más fuerza que nunca:

¡¡¡VIVAN LOS BLANCOS, CARAJO!!!

Álvaro Fernández Texeira Nunes

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