En casa, tanto mi esposa como yo, contribuimos a parar la olla. Por lo general, ella cocina; pero los pantalones y las camisas siempre me los plancho yo. Estoy plenamente de acuerdo con que hombres y las mujeres que realizan tareas similares con similar eficacia, reciban similar remuneración. Soy partidario de toda política que ayude a las mujeres y a los hombres a conciliar trabajo y familia, trabajo y crianza de los hijos. Y creo que el genio femenino ha aportado y puede aportar muchísimo a todos los niveles: educacional, sanitario, social, político, cultural, etc.

Por eso mismo, ni mi esposa ni yo creemos en la ideología de género. Esta ideología, al decir de la prestigiosa feminista estadounidense Christina Hoff Sommers, “se robó el feminismo”. Según esta autora, sus promotoras son un pequeño grupo de mujeres muy influyentes “que realmente están convencidas de que la mujer americana se encuentra en una guerra de género”. Sommers piensa que este grupo “se ha separado de los ideales de la reforma racional y justa de las feministas como Betty Friedan y Germaine Greer”, y que se sienten “como soldados de sus teorías, y sus tácticas de guerra no son las mismas que las de la búsqueda de la verdad”[i].

En síntesis, Hoff Sommers sostiene que el feminismo, entendido como la firme defensa de los legítimos derechos de las mujeres –feminismo de equidad-, tiene poco y nada que ver con la ideología de género o con el denominado feminismo de género. Veamos pues, en qué consiste esta ideología.

Una ideología, es un conjunto normativo de ideas, emociones y creencias compatibles entre si, que caracterizan el pensamiento de una colectividad, y que están especialmente referidas a la conducta social humana. “Género” es una ideología porque: 1) defiende un conjunto de ideas, emociones y creencias, 2) estas son compatibles entre sí y 3) están referidas a la conducta humana. Sin embargo, carece de fundamento científico serio. No se basa en la realidad, sino en teorías sobre cómo –a juicio de sus partidarios- debería ser la realidad. Veamos pues lo que dicen sobre “género”, algunas de las principales referentes de esta ideología.

De acuerdo con Judith Butler, “el género es una construcción cultural; por consiguiente no es ni resultado causal del sexo, ni tan aparentemente fijo como el sexo. Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras; en consecuencia hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino.”[ii]

Según otra conocida feminista de género, Shulamith Firestone, “asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños.” [iii]  

Alison Jagger, llega incluso a predecir que “el final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal: en vez de esto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas. La misma institución de las relaciones sexuales, en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimorfamente perversa natural.[iv]

 “Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas –dice la ya citada Firestone-, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser igualmente -a diferencia del primer movimiento feminista- no simplemente acabar con el privilegio masculino sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente.[v]

En resumidas cuentas, para los promotores de esta ideología, no existe “el hombre natural” o “la mujer natural”. Es decir que se niega la naturaleza humana, y se sostiene que, hombres y mujeres, cuando nacemos, somos pura materia, sustrato biológico, apenas diferenciados por la anatomía. Sobre ese material biológico, la familia, la sociedad y la escuela, van “construyendo” a los varones como varones y a las niñas como niñas, mediante una “asignación de roles” masculinos o femeninos, que son los responsables de que en la edad adulta, exista desigualdad entre hombres y mujeres. Por eso, para resolver el problema de la desigualdad, en la enseñanza le dan tanta importancia a “deconstruir los roles de género”, y a anular las diferencias de identidad sexual entre niños y niñas.

En este sentido, el Dr. Simon Baron-Cohen, miembro de la Academia Británica y profesor del Departamento de Psiquiatría y Psicología Experimental de la Universidad de Cambridge, probó que la reacción bebés de un día de edad, ante objetos mecánicos, o ante rostros que se pusieron dentro de su campo visual, es diferente: las niñas dirigieron mayoritariamente su mirada hacia los rostros y los niños dirigieron mayoritariamente su mirada hacia los objetos mecánicos. Este científico sostiene en un artículo titulado “No es sexista aceptar que la biología afecta el comportamiento”[vi], lo siguiente: “No queremos volver a la visión de los años sesenta, de que la conducta humana está determinada únicamente por la cultura. Ahora sabemos que esta opinión estaba profundamente equivocada. Nadie discute que la cultura es importante para explicar las diferencias sexuales, pero no puede ser toda la historia.”

En síntesis, en nuestra opinión, la ideología de género, es una pseudociencia tan disparatada como lo fue la frenología, ante la cual se arrodillaron durante décadas, hasta los espíritus más ilustrados.

¿Por qué, a nuestro juicio, esta ideología es “antiblanca”?

Los blancos, desde el 10 de agosto de 1836, hemos procurado ser siempre “defensores de las leyes”. A nuestro juicio, ello significa defender ante todo, la Constitución de la República, tanto en la letra como en el espíritu. Y nuestra Carta Magna, es de clara y contundente filiación iusnaturalista. Se funda en el Derecho Natural y en la ley natural. Mientras tanto –como vimos- la ideología de género, desconoce y contraría la ley natural y el derecho natural. Es decir, va contra la letra y contra el espíritu de la Constitución, y por eso es partidaria del aborto, el “matrimonio” igualitario, etc.

Los blancos, además, siempre nos hemos caracterizado por ser un “partido de hombres libres”. Y es claro y notorio para cualquiera que haya leído las sucesivas y polémicas “guías” de sexualidad a las que nos tiene acostumbrados el CODICEN, que la ideología de género es dogmática, hegemónica y totalitaria.

No exagero: sus partidarios pretenden imponerla a toda la sociedad, y no admiten que nadie los cuestione. Así lo prueba la negativa del CODICEN al petitorio presentado a ANEP por la Red de Padres Responsables. Lo cual era previsible, ya que en la página 36 de la última “Propuesta didáctica para el abordaje de la educación sexual  en Educación Inicial y Primaria”[vii], se establece lo siguiente: “Es importante comunicar a las familias que la educación sexual es un derecho de los niños, niñas y adolescentes, por lo cual los padres, madres y/o referentes familiares no pueden permanecer indiferentes a dicho derecho, aún cuando no coincida con sus valores y creencias.” ¿Con qué autoridad, una “guía” publicada por un organismo público, desconoce el hecho evidente de que el derecho de los niños se delega en los padres hasta su mayoría de edad, y que los padres tienen el derecho de educar a sus hijos de acuerdo con sus propios principios y valores? ¿Cómo pueden aceptar los padres que un minúsculo grupo de pseudointelectuales, les imponga a sus hijos una ideología contraria a sus valores y creencias, y ello en flagrante contradicción con los derechos consagrados en la Constitución de la República? ¿Cómo podemos los blancos permanecer callados ante semejante atropello a la libertad de los padres de familia y a lo establecido por nuestra Carta Magna?

Como si fuera poco, los blancos siempre hemos sido contrarios a toda injerencia extranjera. “Ni la sovietización de las patrias americanas, ni una estrella más en la bandera de ningún imperialismo”, decía Herrera. Pues bien, la ideología de género, nació en los Estados Unidos y antes de llegar acá, hizo metástasis en todo el mundo occidental. Es una ideología que viene haciendo estragos en la cultura de muchos países y que en muy pocos ha logrado ser detenida –pienso en el caso de Perú, que es el más notorio, o los casos de Austria y Hungría-.

El problema de fondo aquí -más allá de los lobbys LGBT que la promueven y difunden- son los lobbys malthusianos que están detrás. Para muestra basta un botón: el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades de Población –que sistemáticamente ha financiado o cofinanciado la producción de estas guías de educación sexual-, fue fundado y financiado por el clan Rockefeller. Y cuenta con el apoyo de personajes como Soros, etc. Como blanco, me opongo de la forma más radical e irreconciliable, a que grupos de poder extranjero promueva en mi país –despoblado, con muchos viejos y pocos niños-, políticas de control de la natalidad. Porque no van a ser ellos quienes vengan a pagarnos la seguridad social.

Sobre la gravedad de este asunto puede haber distintas opiniones. Habrá quienes estén de acuerdo con esta ideología y son libres de adherir a ella. Lo que a mí me interesaba mostrar es que la “ideología de género” no tiene nada que ver ni con la promoción de la mujer, ni con el “feminismo de equidad” –que en general ha sido positivo para la mujer y para la sociedad-, ni con los principios que siempre ha defendido nuestro glorioso y querido Partido Nacional. Tampoco tiene que ver –en mi opinión- con el espíritu de la Constitución de la República, que como sabemos, es de clara filiación iusnaturalista. Por eso, sería buena cosa que un futuro gobierno blanco, reviera las políticas “de género” implementadas por el Frente Amplio durante estos quince años, y procurara encaminarlas hacia un “feminismo de equidad”, más razonable y sensato.

Álvaro Fernández Texeira Nunes

Publicado en La Democracia – http://lademocracia.info/?p=7356

[i] ¿Quién se robró el feminismo? John H. Lienhard. https://www.uh.edu/engines/epi965spanish.htm

[ii] Judith Butler, Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity, Routledge, New York, 1990, p. 6.

[iii] Shulamith Firestone, The Dialectic of Sex, Bantam Books, New York, 1970, p. 12.

[iv] “Political Philosophies of Womens Liberation”, Feminism and Philosophy, Littlefield, Adams & Co.,Totowa, New Jersey, 1977, p. 13.

[v] Shulamith Firestone, The Dialectic of Sex, Bantam Books, New York, 1970, p. 12.

[vi] https://www.theguardian.com/commentisfree/2010/may/03/biology-sexist-gender-stereotypes

[vii] http://www.gurisesunidos.org.uy/wp-content/uploads/2017/07/Gu%C3%ADa-Educaci%C3%B3n-Sexual.pdf

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