El proyecto de ley integral para personas trans ha sido analizado por periodistas, políticos, médicos, profesionales. Plantearemos algunas interrogantes que nos genera, en el entendido de que pueden contribuir al debate.

¿Discriminación?

Este proyecto se presentó en el Parlamento con la supuesta intención de combatir la discriminación declarando de interés general la implementación de acciones afirmativas dirigidas a la población trans” (Art. 1), entre las cuales se mencionan “mecanismos, medidas y )políticas integrales de prevención, atención, promoción y reparación” (Art. 2). A nuestro juicio, muchos de sus artículos se pueden considerar discriminatorios, pues reclaman tratamiento preferencial para un sector de la población, en base a su tendencia sexual.

Sustituyamos por un momento la palabra “trans” por la palabra “budistas”: ¿no se estaría discriminando a personas de otras creencias? Una ley semejante, ¿no violaría la laicidad al pretender un estatus especial para quienes profesan una determinada religión? ¿Qué precedentes sentaría esta ley de cara a otros grupos sociales, raciales, religiosos, etc.? ¿Se ha pensado en el caos legal y social que se podría ocasionar si otros colectivos salieran a reclamar leyes que los atiendan, protejan y promocionen?

Para terminar con este punto, la ley dice que las “Acciones afirmativas (…) se encuadran en el cumplimiento de los artículos (…) de la Constitución de la República que garantizan el pleno goce de los derechos y garantías que se derivan de la personalidad humana.” Si la Constitución ya establece que las personas trans son iguales al resto de los ciudadanos ¿por qué tratarlos distinto? ¿Tienen los transexuales más derechos que otros, o los orientales nos diferenciamos sólo por nuestros talentos y virtudes?

¿Reparación?

En cuanto a la reparación solicitada para aquellas personas que fueron perseguidas y encarceladas durante la dictadura por fuerzas de seguridad “o por disposición judicial”, parece muy importante discernir en cada caso, los motivos de la persecución o de la privación de libertad de los reclamantes. ¿Se debió simplemente a prácticas discriminatorias, o a que las autoridades del momento sólo pretendían hacer cumplir las leyes vigentes en la época? ¿Si una persona trans cometió un delito y por ello fue a prisión, debería existir reparación? ¿Sería justo terminar subsidiando a personas que violaron leyes aprobadas por el Parlamento con anterioridad al golpe de Estado?

¿Identidad?

El Art. 3. da una serie de definiciones que merecen especial atención. Dice que la Identidad de género, es “la vivencia interna e individual del género según la siente y autodetermina cada persona, sin que deba ser definida por terceros. En coincidencia o no con el género asignado en el nacimiento y pudiendo involucrar o no la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido.” Y que una persona trans es “quien autopercibe y/o expresa un género distinto al sexo que le fue legal y/o convencionalmente asignado al momento del nacimiento, o bien un género no encuadrado en la clasificación masculino/femenino.”

Estas afirmaciones parten de la suposición de que el “género” se puede asignar voluntariamente, con independencia del sexo biológico que tenga. Y de que si uno es varón y se siente mujer, lo que hay que hacer es adaptar el cuerpo al sentimiento modificando la apariencia a través de medios químicos o mecánicos libremente escogidos.

Quizá convenga recordar que el sexo biológico –inscrito en el ADN-, viene en dos versiones: XX (mujer) y XY (varón). Cuando un varón se autopercibe como varón, lo que está haciendo es adecuar su entendimiento –su mente, su psiquis- a la realidad de su cuerpo[i]. Cuando ello no ocurre –cuando un varón no es capaz de autopercibirse como tal, cuando no logra adecuar su entendimiento a la realidad de su cuerpo, cabe hacerse algunas preguntas: ¿Por qué, el que necesariamente debe estar equivocado, es el cuerpo? ¿Cabe al menos la posibilidad, de que sea la percepción –la mente, la psiquis, el entendimiento- la que está equivocada? ¿Por qué dar por sentado que de haber una discordancia entre lo que uno es y lo que uno percibe que es, siempre hay que modificar el cuerpo y nunca la percepción? ¿Por qué está tan mal visto –en algunos países es un delito– sostener que si el cuerpo está sano, el problema probablemente esté en la mente?  Porque si para modificar el cuerpo la ley propone utilizar todo tipo de medios farmacológicos, quirúrgicos, etc., ¿qué habría de malo en utilizar tratamiento médico, fármacos, etc. para tratar la psiquis? Son preguntas que creo todo legislador se debería hacer.

En este sentido, un documento de la Asociación Americana de Pediatría[ii] sostiene que “La creencia de una persona de que él o ella es algo que no es constituye, en el mejor de los casos, un signo de pensamiento confuso. Cuando un niño biológicamente sano cree que es una niña, o una niña biológicamente sana cree que es un niño, existe un problema psicológico objetivo en la mente, no en el cuerpo, y debe ser tratado como tal. Estos niños padecen disforia de género. La disforia de género, antes denominada trastorno de identidad de género, es un trastorno mental así reconocido en la más reciente edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales[iii] (DSM-V). Las teorías psicodinámicas y de aprendizaje social sobre la disforia de género o trastorno de identidad de género nunca han sido refutadas.”

Por su puesto que hay personas que nacen con genitales de ambos sexos, desbalances hormonales, etc. Estas patologías deberán ser tratadas con todo el respeto y la capacidad técnica necesaria. Pero tratándose de personas físicamente sanas, el tratamiento psicológico o psiquiátrico –al que tantos se someten por diversas causas sin estigma alguno- ¿no ayudaría más a reducir la tasa de suicidios entre las personas trans que la cirugía?

¿Desde niños?

En relación a los Arts. 5 y 17 que prevén el cambio de sexo y la hormonización en menores de edad, se han dado muchos argumentos. Uno de los más importantes es que según el DSM-V (el manual estadounidense de psiquiatría mencionado más arriba), “hasta un 98% de niños con género confuso y hasta un 88% de niñas con género confuso aceptan finalmente su sexo biológico tras pasar la pubertad de forma natural.”

Durante la campaña del NO A LA BAJA, la Dra. Fabiana Goyeneche aportó algunos datos que avalan nuestra postura. Entrevistada por Emiliano Cotelo[iv], afirmó: “las personas que estudian los procesos de maduración de los adolescentes, la neurociencia, la psiquiatría, la psicología, la sociología, todos los expertos en estas ciencias que han estudiado las distintas formas de ver la personalidad, el desarrollo del cerebro adolescente, el momento en la vida en que una persona se puede emancipar, están de acuerdo en que no se madura más temprano y de hecho muchísimas personas afirman que se madura más tarde.

Se puede observar que ciertas decisiones que se toman que son señales de haberse desarrollado, de haber madurado, de haberse convertido en adulto, son cada vez más tardías (…) y son parte de una señal de que la adolescencia está lejos de terminar a los 18 años.”

Cabe preguntarse por tanto, qué madurez puede tener un niño o un adolescente –un menor de edad- para decidir acerca de su orientación sexual, cuando ella es contraria a su sexo biológico. ¿No sería mejor aplicar el beneficio de la duda hasta la mayoría de edad? ¿Es lógico permitir que en una etapa de su vida caracterizada por la inmadurez y la inestabilidad emocional se tomen decisiones tan graves como la de cambiar de sexo? Facilitar semejantes decisiones de forma autónoma, ¿es velar por el interés superior del niño?

¿Cambio en los registros?

El Art. 4. del proyecto, pretende incorporar “la variable “identidad de género” en todos los sistemas oficiales de información estadística, incluidos los Censos, las Encuestas Continuas de Hogares, los informes de la Oficina Nacional de Servicio Civil y todas las mediciones públicas que releven la variable “sexo”. Si esa identidad puede cambiar, ¿cuántas variaciones -e inexactitudes- pueden quedar oficialmente registradas? ¿No sería mejor seguirnos guiando por el “sexo biológico”, basado en el ADN?

Conclusiones

Quedan planteadas muchas interrogantes. Para terminar, algunas afirmaciones de expertos.

El Dr. Paul R. McHugh, arriba citado, sostiene en un largo artículo publicado en First Things[v], lo siguiente: “He sido testigo del gran daño que puede provocar la reasignación de sexo. Los niños que han visto transformada su constitución masculina en un rol femenino sienten mucho sufrimiento y tristeza pues son conscientes de su disposición natural. Sus progenitores normalmente viven con sentimiento de culpa por las decisiones tomadas, cuestionándolas a posteriori y avergonzados de algún modo por la fabricación, tanto quirúrgica como social, que han impuesto en sus hijos. Y respecto a los adultos que vienen a nosotros declarando que han descubierto su “verdadera” identidad sexual y que han oído hablar de las operaciones de cambio de sexo, nosotros los psiquiatras nos hemos olvidado de estudiar las causas y la naturaleza de su trastorno mental y nos hemos dedicado sólo a prepararlos para la operación y una vida en el otro sexo. Hemos malgastado recursos científico y técnicos y dañado nuestra credibilidad profesional colaborando con la locura en lugar de intentar estudiarla, curarla y, en última instancia, prevenirla.”

Finalmente, entendemos oportuno citar una vez más el documento difundido por la Asociación Americana de Pediatría: “Condicionar a los niños a creer que es normal estar toda la vida sustituyendo química y quirúrgicamente su propio sexo por el opuesto, constituye un abuso infantil. Respaldar la discordancia de género como algo normal a través de la educación pública y de las políticas legales confundirá a hijos y padres, llevando a muchos niños a acudir a “clínicas de género” donde les administren fármacos bloqueadores hormonales. Esto, a su vez, virtualmente asegura que ellos “elegirán” recibir hormonas cruzadas cancerígenas o de un modo u otro tóxicas, y probablemente considerarán, cuando sean adultos jóvenes, la mutilación quirúrgica innecesaria de sus órganos sanos.”

Álvaro Fernández Texeira Nunes

Publicado en La Democracia – http://lademocracia.info/?p=7439

[i] De acuerdo con una definición clásica, la verdad, es la adecuación del entendimiento a la realidad.

[ii] El documento lleva la firma entre otros, de la presidente de la Asociación Americana de Pediatría, Michelle A. Cretella, y del Dr. Paul McHugh, Catedrático de Servicios Distinguidos en Psiquiatría en la Universidad Johns Hopkins. El Dr. McHugh fue quien inició en esa universidad, las operaciones de cambio de sexo.

[iii] American Psychiatric Association, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5ª edición, Arlington (Virginia), American Psychiatric Association, 2013 (págs. 451-459). Véase a partir de la página 455 los índices de persistencia de la disforia de género.

[iv] http://www.espectador.com/politica/303278/fabiana-goyeneche-la-discusiones-sobre-seguridad-y-la-minoridad-infractora-estan-lejos-de-estar-terminadas

[v] https://www.firstthings.com/article/2004/11/surgical-sex

 

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