Leyendo el libro Historia de las Ideas Contemporáneas del Prof. Mariano Fazio, encontré un apartado sobre Francisco de Vitoria, un dominico del Siglo XV cuya obra conviene conocer, ya que echa por tierra algunos de los mitos que se han tejido sobre la Iglesia Católica. A continuación, presento un resumen del apartado que el Prof. Fazio dedica a Vitoria.

Francisco de Vitoria nació en Burgos el 12 de agosto de 1483. Ingresó en la Orden de Predicadores en 1505 y se doctoró en Teología en la Universidad de París en 1522. Desde 1526 hasta su muerte en 1546, fue Catedrático de Teología de la Universidad de Salamanca, donde fundó la Escuela de Salamanca, de la cual  surgió el renacimiento del pensamiento español en áreas muy diversas como arte, literatura, ciencias, moral, derecho y economía.Cuando Vitoria se instaló en París, el humanismo de pensadores como Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro o Juan Luis Vives, estaba en su esplendor. Desde su Cátedra, Vitoria restauró la enseñanza teológica en España, al establecer como texto oficial de estudio la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino, que vino a sustituir las Sentencias de Pedro Lombardo.

Sus obras más destacadas son las Relecciones –una serie de resúmenes sobre las distintas materias que Vitoria enseñaba-. Una de ellas, titulada De indis, aborda uno de los grandes problemas de su época: la donación por parte del Papa de las tierras conquistadas en el Nuevo Mundo, a la Corona española. ¿Era lícito que el Papa donara tierras pobladas por infieles al poder temporal?

Para contestar a esta pregunta, Vitoria procuró dar respuesta a tres problemas: 1. si los nativos eran verdaderos dueños de esas tierras; 2. si los títulos de propiedad usados por los conquistadores justificaban la ocupación de América; y 3. si había argumentos legítimos que permitieran a la Corona reclamar el dominio. Las respuestas de Vitoria a estas cuestiones, van contra la tradición jurídica de su tiempo, que identificaba el orden natural con el orden sobrenatural, y así justificaba la intervención del poder espiritual en los asuntos temporales.

Vitoria responde a la primera cuestión sosteniendo que los nativos, “a su modo, ejercen el uso de razón”, y que “la capacidad de dominio del hombre deriva de su condición personal, y en consecuencia, ningún pecado ni infidelidad (…) impide al hombre ser dueño de sus bienes”. Vitoria fundamenta así el título de dominio jurídico sobre la naturaleza de la persona humana, y descalifica la teoría de la gracia –sostenida por muchos pensadores de su tiempo, incluidos los valdenses-, según la cual uno era dueño de sus bienes sólo si estaba en estado de gracia.

A la segunda cuestión, el dominico responde sosteniendo que “Ninguna potestad temporal tiene el Papa sobre aquellos bárbaros ni sobre los demás infieles; aunque los bárbaros no quieran reconocer ningún dominio al Papa, no se puede por ello hacerles la guerra ni ocuparles sus bienes”. De este modo rechaza la idea de un imperio universal o imperium mundi, cuya cabeza era el papa, quien delegaba en el emperador el poder temporal universal del cual era depositario. Aquí Vitoria rompe con la teocracia medieval; sin embargo, fiel al tomismo, afirma que “todos los hombres son por naturaleza, libres e iguales”.

Vitoria purifica así la doctrina cristiana de elementos que no pertenecen al depósito de la fe, sino a  tradiciones políticas humanas. Tras la crítica, Vitoria deja claro que los derechos del orden natural, no son suprimidos por el orden sobrenatural, sino que son incorporados y elevados por éste.

Así, el dominico defiende el orden natural, afirma la absoluta gratuidad del orden sobrenatural y establece la necesidad de evitar la coacción en materia de fe: “Aunque la fe haya sido anunciada a los bárbaros (…) y éstos no la hayan querido recibir, no es lícito, por esta razón, hacerles la guerra ni despojarlos de sus bienes”. Creer es una acción libre y la fe un don de Dios. Como buen tomista, Vitoria advierte que la verdad de la fe cristiana no se puede imponer por la fuerza, ya que no es lícito violar el íntimo sagrario de la conciencia personal.

A la tercera cuestión, el dominico responde afirmando que existe una comunidad internacional de la que forman parte todas las naciones en igualdad de derechos y cuyos miembros deben tender al bien común. Justifica además lo que hoy llamanos “injerencia humanitaria”, poniendo por encima de las leyes positivas, las leyes de la humanidad fundadas en el derecho natural y divino: “a todos mandó Dios el cuidado de su prójimo, y prójimos son todos aquéllos: luego, cualquiera puede defenderles de semejante tiranía u opresión.” Así funda Vitoria el moderno derecho internacional. Otros justos títulos para Vitoria, pueden ser la libertad de navegación y comercio, el derecho de igualdad en el trato, el derecho de opción a la nacionalidad, el derecho de predicar el Evangelio, etc.

El gran aporte de Vitoria es su capacidad de integrar a la perfección su humanismo cristiano – heredero de la mejor tradición escolástica y tomista-, con la apertura a las ideas propias de su tiempo y a la secularización de lo que de suyo, pertenece al orden temporal. Fue capaz de poner en el centro de su especulación filosófica al hombre, pero fundamentando su dignidad en cuanto imagen de Dios y reconociendo el llamado universal a la fe y a la gracia.

En síntesis, Vitoria promovió la legítima autonomía del orden temporal, sin cortar las raíces que lo unen con la trascendencia. De acuerdo con el Prof. Fazio, “la Relectio de Indis es una de las puertas por las que se pasa del mundo medieval al mundo moderno.”

Álvaro Fernández Texeira Nunes

Publicado en Entre Todos – Nº 436

 

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