El 24 de mayo de 2017 la terapeuta ocupacional canadiense Victoria Prooday publicó un artículo titulado “The silent tragedy affecting today´s children” (La tragedia silenciosa que afecta a los niños de hoy)[i]. En él advierte sobre las “nuevas epidemias” que afectan a nuestros hijos y sus graves consecuencias, si no decidimos cambiar ciertos hábitos.

En base a su propia experiencia profesional y a estudios estadísticos realizados en los últimos 15 años, Prooday llega a la conclusión de que los niños de hoy están padeciendo una tragedia emocional devastadora, alarmante, y de proporciones epidémicas:

  • 1 de cada 5 niños (20%)=presenta algún problema serio de enfermedad mental.
  • La cantidad de niños con hiperactividad y déficit atencional se ha incrementado en un 43%.
  • La depresión en adolescentes ha aumentado en un 37%.
  • Los suicidios en chicos de entre 10 y 14 años han aumentado un 200%.

De acuerdo con la terapeuta, la causa principal del incremento de estos problemas, se encuentra en los hábitos de los padres y en la influencia que estos tienen en una educación incorrecta de sus hijos.

Los principales errores que están cometiendo los padres, según Prooday, son los siguientes:

  1. Cuando están físicamente presentes, con frecuencia están emocionalmente ausentes. En muchos casos, están “digitalmente” distraídos (con computadoras, tablets, celulares, kindles, etc.).
  2. Son poco responsables, Les cuesta poner límites y disciplinar a sus hijos. Son demasiado permisivos y el que manda muchas veces, es el niño y sus caprichos, que con frecuencia se satisfacen inmediatamente para evitar berrinches y problemas.
  3. La falta de responsabilidad, atención y disciplina, incluye una pobre alimentación y la existencia en los niños de un déficit de sueño, ya que se duermen a cualquier hora.
  4. También se observa que los padres se preocupan poco porque los niños hagan ejercicio físico y actividades al aire libre, lo cual conduce a un estilo de vida sedentario y al aburrimiento crónico por falta de juegos creativos, por fuera de las niñeras “digitales” y “tecnológicas.
  5. Se verifica una excesiva preocupación por la autoestima de los niños, y en consecuencia, una baja preocupación por hacerlos responsables y capaces. Importa mucho más felicitarlos por lo que hacen bien que señalar y penar lo que hacen mal.

Para evitar estos errores, cuyas consecuencias son desastrosas para la salud mental de los hijos y criar niños saludables y felices, es necesario recuperar algunos principios básicos en la educación de los hijos. A continuación proponemos algunos de estos principios, basados en el artículo de Prooday y en las recomendaciones de otros expertos en la materia:

  1. Volver a poner límites: los padres deben actuar como padres, no como amigos, y menos aún como cómplices. Ya habrá tiempo para ser amigos de los hijos cuando estos se independicen.
  2. Brindar una vida balanceada: la libertad de los niños debe estar adecuada a su edad; pero siempre deben establecerse muy bien algunos límites: horarios para levantarse, para las comidas, para irse a dormir, y para usar dispositivos tecnológicos. Éstos siempre deben usarse en espacios comunes de la casa, no encerrados en el dormitorio, en el baño, etc. Prohibir el uso del celular durante las comidas (y por supuesto, dar el ejemplo).
  3. Darles lo que les conviene: hay que perder el miedo a decir que NO cuando los niños quieran algo que no necesitan y/o que no merecen. Por ejemplo, pueden no necesitar un libro de aventuras, etc., pero se les puede regalar como premio por algún mérito importante que hayan hecho.
  4. Estimularlos para que salgan de casa: los niños deben realizar actividades físicas, si es posible intensas –fútbol con los vecinos, buscar insectos, andar en bicicleta, etc.- Si el tiempo está feo, y deben quedar adentro, procurar que lean en lugar de “matar el tiempo” con dispositivos tecnológicos. Nunca usar la tecnología para curar el aburrimiento.
  5. Darles “encargos” de acuerdo a su edad: tender la cama, doblar la ropa, preparar el uniforme para el día siguiente, guardar los juguetes después de usarlos, ayudar a poner o levantar la mesa, secar los platos. Enseñarles a hacer cosas, no hacerlas por ellos cuando ya pueden solos.
  6. Enseñarles a esperar: si se aburren, procurar que ellos mismos tenga la suficiente iniciativa y creatividad para entretenerse sin acudir al uso de dispositivos electrónicos. Cuando enfrenten frustraciones, deben aprender a superarlas solos.
  7. Conectarse emocionalmente con los hijos: enseñarles a controlarse y a convivir en sociedad. Esa es su responsabilidad, no divertirlos o entretenerlos.

Sintetizando las sugerencias de Prooday y otros, concluimos que la responsabilidad de la formación de jóvenes fuertes, resilientes, con un sentido de la vida positivo y realista, recae sobre los padres: su misión es preparar a sus hijos para el camino de la vida, siempre lleno de amenazas y de oportunidades. La mejor forma de ayudarlos a sortear las primeras y aprovechar las segundas, es aumentar al máximo sus fortalezas y reducir a un mínimo sus debilidades, ya que son éstas son las que explican en buena parte, la tragedia emocional que muchos jóvenes padecen hoy: por su forma de crianza, tienen un carácter demasiado débil como para enfrentar la adversidad.

[i] https://yourot.com/parenting-club/2017/5/24/what-are-we-doing-to-our-children

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