El año pasado, más o menos por estas fechas, escribí una nota detallando las razones que motivaban mi alejamiento, en ese entonces temporario, del Partido Nacional. La titulé “Desensillar hasta que aclare”. A pesar de todo, durante algunos meses y gracias al estímulo de mi buen amigo Fernando Patrón, escribí algunos artículos para La Democracia. Desde allí pretendí llamar la atención sobre el error que a mi juicio cometieron muchos dirigentes de peso del partido, al aceptar sin cuestionamiento alguno, la imposición de la ideología de género. Esta ideología se ha venido imponiendo en todos los ámbitos de la vida nacional – cultura, educación, salud, etc.- y también a nivel político, a través de la aprobación de leyes que responden a la denominada “agenda de derechos”.
Como la situación respecto a este tema sigue incambiada, y como en mi opinión, los pocos que dentro del Partido tienen clara la gravedad de este tema, no tienen la fuerza necesaria para enderezar las cosas, decidí transformar mi alejamiento temporario, en definitivo.

Aclaro por las dudas, que mi decisión no implica juicio alguno sobre una enorme cantidad de amigos y referentes morales, profesionales, políticos, etc., que tuve, tengo y espero seguir teniendo dentro del Partido Nacional. Son tantos, que nombrarlos a todos sería imposible. El problema que yo tengo es que tras 20 años de dar batalla a favor de la vida y la familia natural –y por ende, contra la ideología de género-, no puedo aceptar ciertas decisiones -ni ciertas indecisiones- de algunos de los principales dirigentes del Partido Nacional. Ello no implica, reitero, crítica alguna al pueblo blanco, a los compañeros de a pie, por los que siento un profundo respeto y en no pocos casos, una gran admiración.

Esta decisión fue una de las más duras de mi vida. Sobre todo porque creo que seguiré siendo blanco hasta la muerte, en el entendido de que “ser blanco” es algo mucho más profundo que votar a un partido político. Es apostar la vida en la defensa de determinados principios, es jugarse entero por una visión del hombre, de la sociedad, del país y del mundo. Ser blanco, para mí, es una forma de ser oriental, y eso no es algo que se pueda extirpar así nomás de la conciencia, de la forma de ser que uno tiene.

Tras mi alejamiento del Partido Nacional, me incorporé al Partido Cabildo Abierto. Este nuevo partido, que arranca de cero y en el cual soy el último militante, se formó con la intención de impulsar la candidatura a la Presidencia de la República del Gral. (R.) Guido Manini Ríos. Por lo que he leído en su Declaración de Principios y por lo que he conversado con algunos de sus dirigentes, creo que aquellos principios que para mí son cruciales, pueden llegar a ser mucho mejor defendidos por el Partido Cabildo Abierto que por el Partido Nacional. Por ejemplo, este nuevo partido se compromete a responder “únicamente al interés nacional”, y “concibe a la familia como pilar y factor de cohesión social fundamental, que está en la primera línea de defensa de la vida y desempeña un rol indispensable en la formación inicial de valores del ser humano y en el horizonte demográfico del país.” También, y esto a mi juicio es fundamental en el mundo de hoy, “defiende las libertades indispensables del ser humano contra todo tipo de totalitarismo ideológico, político o económico.” (1)

Si el Partido Cabildo Abierto finalmente logra que Manini Ríos sea candidato a la Presidencia de la República, creo que podemos estar ante el nacimiento de una esperanza compartida por decenas de miles de uruguayos: la de contar con un auténtico caudillo, con un hombre confiable y valiente, sereno e inteligente, que a mi modo de ver, es perfectamente capaz de guiar al país con mano firme en medio de las fuertes tormentas que se avecinan. Por lo menos esto es lo que yo percibí cuando, un par de años atrás, tuve el altísimo honor de conocerlo personalmente.

Ciertamente, el futuro es impredecible. Pero todo lleva a pensar que el próximo gobierno, va a tener por delante unos desafíos tremendos, como pocos gobiernos han tenido en el pasado. Quien gane la elección, deberá enfrentar problemas gravísimos además de los ideológicos: gasto y endeudamiento público, recaudación fiscal, educación, inseguridad, salud, obras públicas, matriz productiva, matriz energética, etc., etc. La patriada que se viene, no es tarea para dirigentes que temen a la presión de unos pocos: es tarea de titanes, que luego de asesorarse debidamente, no duden al momento de tomar las decisiones que la hora requiere. Entre todos los candidatos, quien en mi opinión cumple mejor con el perfil necesario para ordenar el país luego del caos generado por el Frente Amplio, es Guido Manini Ríos. Espero por tanto, que decida pronto ser candidato.

De mi parte, sólo queda decirle a mis nuevos compañeros de partido, que conmigo pueden contar para lo que sea. Estoy a la orden. Los que me conocen saben que, a pesar de mis defectos, siempre he procurado poner mi conciencia por encima de toda conveniencia, y a la Patria por encima de todo partidismo. Como dijo Artigas, “yo no soy vendible, ni quiero más premio por mi esfuerzo que ver libre a mi Nación.”

Álvaro Fernández Texeira Nunes

i Declaración de Principios del Partido Cabildo Abierto

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