“El mismo e idéntico Dios, que fundamenta y garantiza que sea inteligible y racional el orden natural de las cosas sobre las que se apoyan los científicos confiados, es el mismo que se revela como Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Fides et ratio, n. 34).

“La Escritura Santa y la naturaleza proceden una y otra del Verbo Divino; la primera, en cuanto dictada por el Espíritu Santo, y la otra, en cuanto ejecutora fidelísima de las órdenes de Dios” (Galileo Galilei, carta al P. B. Castelli, 21/12/1613)“La investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será realmente contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen origen en un mismo Dios” (Gaudium et spes, Nº 36).

Estas citas nos recuerdan que ciencia y fe, no se contraponen, como sí lo hacen hoy, ciencia e ideología. En particular, se observa en la actualidad, una fuerte contraposición entre ciencias biológicas e ideología de género. Uno de los postulados básicos de esta ideología, es que sobre un sustrato biológico de varón o mujer, cada uno construye a voluntad su “identidad”. Así, las diferencias entre varón y mujer se deberían a “construcciones culturales”. Veamos pues, que dice la biología.

El psiquiatra infantil Trond Diseth, experto en comportamiento y funcionamiento cerebral de la Universidad de Oslo (Noruega), comprobó experimentalmente que al poner niños de nueve meses de edad frente a cuatro juguetes masculinos, cuatro juguetes femeninos y dos neutros, prácticamente todos los varones eligieron los juguetes masculinos, mientras que las niñas eligieron los juguetes femeninos. Dice Diseth que “los niños nacen con una clara disposición biológica de género y comportamiento sexual.”

Esto fue comprobado por el Dr. Simon Baron-Cohen, miembro de la Academia Británica y profesor del Departamento de Psiquiatría y Psicología Experimental de la Universidad de Cambridge, quien investigó la reacción de bebés de un día de edad, ante objetos mecánicos, o ante rostros que se pusieron dentro del campo visual de los recién nacidos. Las niñas dirigieron mayoritariamente su mirada hacia los rostros y los niños dirigieron mayoritariamente su mirada hacia los objetos mecánicos. Este científico sostiene en un artículo titulado “No es sexista aceptar que la biología afecta el comportamiento”, lo siguiente: “No queremos volver a la visión de los años sesenta, de que la conducta humana está determinada únicamente por la cultura. Ahora sabemos que esta opinión estaba profundamente equivocada. Nadie discute que la cultura es importante para explicar las diferencias sexuales, pero no puede ser toda la historia.”

Por su parte, la psicóloga evolutiva Anne Campbell de la Universidad de Durham, Inglaterra señala que, “sobre la base de un profundo -e incluso deliberado- malentendido respecto de la teoría evolutiva, hemos sido objeto de la hostilidad feminista de estudios de género, que nos ha acusado de querer mantener a las mujeres en su lugar. La teoría evolutiva, argumentan, implica una diferencia “esencial” (léase biológica) entre los sexos. Aunque no pueden negar las diferencias entre los órganos reproductivos, se niegan a aceptar que haya diferencias por encima de la pelvis. Y mantienen esa visión a pesar de que se dan cuenta que la testosterona atraviesa la barrera hematoencefálica, que los fetos femeninos expuestos a sobredosis de esa hormona desarrollan en el útero intereses típicamente masculinos, y que los estudios de neuroimagen confirman la existencia de diferencias funcionales y estructurales en la organización cerebral de hombres y mujeres.”

Finalmente, el Dr. Richard Lippa, Profesor de Psicología en la Universidad de California, demostró que “en los países más desarrollados, las personas, al ser más libres, eligen los empleos que más les gustan”. Ello explica por qué en Noruega, donde la “igualdad de género” es la tercera más alta del mundo, alrededor del 90% de los ingenieros son varones, y cerca del 90% de las enfermeras son mujeres. Mientras tanto, en países donde las personas trabajan en lo que pueden y no en lo que querrían, si fueran enteramente libres de elegir, se encuentran más mujeres trabajando en tecnología y otras áreas típicamente masculinas. El estudio del Prof. Lippa abarca más de 200.000 mujeres y hombres en 53 países de Europa, América, África y Asia.

Estos estudios científicos demuestran de forma contundente que:

  1. Las diferencias biológicas entre varones y mujeres, por lo general llevan a que los varones se comporten como varones, y las mujeres como mujeres. En síntesis, el comportamiento de los varones y de las mujeres, está fuertemente influenciada por su sexo biológico. Esto se verificó en estudios con niños recién nacidos, donde es imposible que las diferencias de comportamiento se deban a “construcciones culturales”.
  2. Si lo que se busca con la “equidad de género” es que hombres y mujeres sean más libres, y por tanto más felices, esta “equidad” se daría en mayor medida allí donde las mujeres y los hombres pueden elegir con más libertad lo que les gusta hacer, lo que es más propio de su naturaleza biológica. Por eso en sociedades más libres hay más hombres trabajando en áreas técnicas y más mujeres trabajando en áreas humanísticas, sanitarias, etc.
  3. La naturaleza, puede ser descubierta por muchas ciencias; pero no cambiada por ninguna ideología.

Álvaro Fernández Texeira Nunes

Publicado en Entre Todos – Nº 445 – 30/03/2019

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