Cuando el Gral. Guido Manini Ríos fue cesado como Comandante en Jefe del Ejército, algunos analistas políticos dijeron que no podría presentarse como candidato porque se lo impedía la ley. La falsedad de dicha hipótesis fue rápidamente rebatida por el Dr. José Korseniak, especialista en derecho constitucional. Cuando el Partido Cabildo Abierto le pidió al Gral. Manini que fuera su candidato, también hubo quienes pensaron que no iba a aceptar. En el interín, desde el Partido Nacional y el Partido Colorado le hicieron diversas ofertas para que se sumara a sus filas. En ese momento todo eran loas a Manini desde la oposición. Algunos incluso, sostuvieron que sería un excelente Ministro de Defensa.Sin embargo, cuando el ex Comandante aceptó el ofrecimiento de Cabildo Abierto, y declinó las ofertas de otros partidos, más de uno salió a criticarlo con argumentos tales como que pretendía formar un partido militar o fragmentar la oposición. Desde la izquierda lo acusaron de ser nostálgico de la dictadura (cuando en 1973 tenía 14 años…), y lo compararon con Jair “el ultraderechista” Bolsonaro. Desde la derecha, algunos lo trataron de izquierdista porque el Secretario General de Cabildo Abierto, es Marcos Methol Sastre, ex integrante de la lista 711 de Raúl Sendic. Salvando las distancias, similares acusaciones se lanzaron desde la izquierda y la derecha, contra Wilson Ferreira en el ´71: los frentistas lo acusaban de estar financiado por la ESSO y los derechistas -basándose en algunos puntos de “Nuestro Compromiso con Ud.”, como la nacionalización de la banca y la reforma agraria-, lo tildaban de izquierdista. Manini -como Ferreira Aldunate en su momento-, ha dicho mil veces, a todo el que lo quiera oír, que no se considera ni de izquierda, ni de derecha. Si alguna ideología lo define, es el “artiguismo”, adaptado por supuesto, al siglo XXI. Por cierto, todo en Cabildo Abierto, desde la bandera hasta el nombre del partido, desde la forma de organización en cabildos hasta los nombres de las agrupaciones, es un homenaje al Prócer de los Orientales.

Candidato

El miércoles 3 de abril, Manini aceptó ser el candidato a la Presidencia de la República por el Partido Cabildo Abierto. La primera encuesta que se hizo en esos días, ya indicaba que un 5% de la población estaría dispuesta a votar por él. Prácticamente desde que dio el “sí”, empezó a recorrer el país de Norte a Sur y de Este a Oeste. Y el crecimiento que tuvo, fue el más vertiginoso entre todos los candidatos y entre todos los partidos, ubicándose a principios de junio –apenas dos meses después de iniciada la campaña- en guarismos cercanos al 10%.

¿Por qué ha crecido tanto? ¿Por qué le viene sacando votos al Partido Colorado, al Partido Nacional y al propio Frente Amplio –según ha dicho la Senadora Topolansky-? ¿Qué es lo que hace que este militar, sin historia política personal, capte las adhesiones y la confianza de una enorme masa de votantes? ¿Qué tiene Manini que no tienen los demás? ¿Es acaso el Bolsonaro uruguayo? ¿Es Cabildo Abierto el Vox español? Su propuesta de gobierno, ¿es un populismo más? ¿Por qué hay tanto entusiasmo en torno a la candidatura de este hombre?

Lo que sigue no es el análisis de un politólogo: apenas son las impresiones de un blanco de toda la vida devenido en militante de Cabildo Abierto, que ha seguido este proceso con atención, casi desde que el partido se fundó. No pretendo ser 100% objetivo. Sólo pretendo ser 100% sincero en mis opiniones.

Un poco de historia

El General Manini, tiene una larga e impecable foja de servicios dentro del Ejército. Integró varias Misiones de Paz, fue Director Nacional de Sanidad de las Fuerzas Armadas y finalmente fue nombrado Comandante en Jefe del Ejército. En el ejercicio de ese cargo llegó a ser bien conocido por la opinión pública, ya que obrando siempre de acuerdo con la Constitución y la ley, jamás ocultó lo que en cada momento, en conciencia debía decir o hacer. Y por eso cometió, a los ojos de los laicistas, lo yo llamo “los tres pecados mortales del Gral. Manini”: 1) en 2015, reconstruyó la Capilla del Hospital Militar, demolida en 1982, tras prestar servicio desde que el Hospital se fundó en 1905; 2) en 2016, estableció la ya tradicional Misa de Acción de Gracias por el Día del Ejército, que presidida por el Arzobispo de Montevideo, se celebra cada 18 de mayo en la Catedral Metropolitana; y 3) en 2017, envió a sus tropas un mensaje navideño en el que las animó a recordar “el verdadero significado de esta fiesta: el recuerdo de aquel, que vino al mundo con un mensaje de paz, y cuya muerte en la cruz, marcó un antes y un después en la historia de la humanidad”. Esta forma de entender la laicidad de forma positiva, como una afirmación de la libertad de pensamiento y no como imperativo antirreligioso, le valió numerosas críticas, sobre todo de masones y cancerberos de una idea de laicidad que, de neutral no tiene nada. Y de libertaria, menos.

Tampoco faltaron críticas a su persona por la buena relación que desarrolló con Eleuterio Fernández Huidobro, Ministro de Defensa cuando Manini asumió su cargo. Lo criticaron aquellos que no son capaces de ver la vida y la política más allá de un plano “izquierda / derecha”, en el que quien no está en un lado, necesariamente debe estar del otro. Y lo criticaron quienes no entendieron que en el acierto o en el error, Fernández Huidobro se consideraba a sí mismo un soldado, lo cual le llevaba a respetar ciertos códigos en su trato con los militares. Demás está decir que esta era una actitud personal del ex dirigente tupamaro, muy poco común en la fuerza política que lo llevó al Ministerio de Defensa. 

Luego vino el tema de la Caja Militar, que terminó con el arresto a rigor del Comandante, por decir –básicamente- que el Ministro Murro no había hecho bien las cuentas. Pasaron algunos meses y un nuevo enfrentamiento con el Presidente –en forma reservada- terminó con su destitución. El motivo es conocido: dio su opinión sobre la forma en que se manejó la Justicia en los juicios de algunos militares.

Ninguna de las acusaciones que se lanzaron contra el Gral. Guido Manini Ríos, pudo ser probada. Ni que hubiera violado la laicidad, ni que hubiera tenido relación alguna con el Frente Amplio -más allá de su buena relación con Fernández Huidobro-, ni que hubiera emitido opiniones políticas, algo que estaba vedado a su cargo.

Manini ha recorrido un camino lleno de escollos, y a pesar del escepticismo de muchos, hoy su partido, se posiciona entre los cuatro más votados. Habrá que esperar a la interna para ver si, individualmente, no es uno de los dos candidatos más votados de todo el espectro político, lo cual no es imposible dada la fragmentación que hay en los partidos tradicionales, entre los cuales incluimos al Frente Amplio.

¿Por qué crece?

¿Cómo se explica este notable crecimiento, que echa por tierra los augurios más funestos de los primeros días, tanto de amigos bien intencionados, como de enemigos demasiado confiados?

En nuestra opinión, los motivos del crecimiento son los siguientes: Manini es un líder fuerte, en un escenario donde el liderazgo real -el que es capaz de mover y convencer a las masas- es notoriamente escaso o prácticamente inexistente. Manini es un líder confiable, que ha demostrado decir lo que piensa y hacer lo que dice. Manini transmite seguridad. No es “más de lo mismo”. No viene a candidatearse por cuarta o quinta vez, dentro de un partido que por una razón o por otra -más o menos objetiva, más o menos subjetiva- ya no genera confianza. Tampoco es un falso pobre que cobra miles de dólares por mes, ni un soberbio que ningunea y destrata a quienes no piensan como él.

Hay quienes sostienen que si bien a un partido nuevo no se le puede “pegar”, porque no tiene historia que lo condene, tampoco tiene historia política que lo respalde. Además –dicen- encierra el riesgo de estar afirmado sobre un caudillo que sobresale demasiado del resto. Esto puede ser, en realidad, una ventaja, ya que al no haber grandes compromisos, si el caudillo es bueno, puede formar su propio equipo con entera libertad, sin tantos condicionamientos como en otros partidos donde a Fulano hay que darle un lugar porque viene de la lista tal, y a Mengano, porque integra el sector cual… Ésta es probablemente, una de las múltiples razones por las cuales los restantes partidos vienen perdiendo la confianza de la gente.

También hay quienes critican el hecho de que en la lista de Manini, figuren Fulano o Mengano. Más allá de que todos los que figuran en las listas de Cabildo Abierto y de todos los partidos están habilitados para votar y ser votados, este es un problema que tienen todos los partidos a partir de la creación de las “listas sábana”. Problema que, obviamente, no fue creado por Cabildo Abierto… En mi opinión, el voto selectivo sería mucho más democrático y acorde a la voluntad del pueblo, pero… ¿quién le pone el cascabel al gato?

¿Bolsonaro? ¿Vox?

Algunos han querido ver en Manini al “Bolsonaro uruguayo” y otros han querido ver en Cabildo Abierto, al “Vox uruguayo”. Y si bien es cierto que pueden haber puntos de coincidencia con ambos –por ejemplo, Manini se ha manifestado públicamente en contra de la ideología de género, de la legalización de la marihuana y del aborto-, lo cierto es que un líder de un partido que procura recuperar las raíces artiguistas, ni puede, ni debe parecerse un presidente brasileño o a un partido español.

Lo que caracteriza la propuesta de Manini y de Cabildo Abierto es un fuerte espíritu de unidad, de integración –nacional e iberoamericana-, de reconstrucción del tejido social, de cierre de la fractura social. De reconciliación nacional. Su objetivo es conformar un gobierno que responda, más allá de ideologías, a cubrir las necesidades básicas del ciudadano: para empezar, trabajo, seguridad, justicia, educación. El hecho de encontrar algunas coincidencias en temas puntuales, no implica por tanto, que exista un calco de modelos ideológicos.

¿Populista?

Otra de las críticas que más recientemente se le han hecho a Manini, es que apela a la emoción –es manifiesto el entusiasmo que su figura despierta- y por tanto, se le califica como “populista”. Lo primero sería definir qué se entiende por populista. Las definiciones van desde que es una “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares” (Real Academia Española), hasta que es “una ideología que se basa en la diferenciación y la oposición maniquea entre «el pueblo» (visto como una comunidad sana) y «la élite» (concebida como una entidad egoísta y deshonesta)” (Wikipedia). También hay quienes sostienen que el populismo no es una ideología, sino una estrategia para captar votos, y quienes entienden que el “populismo” no se puede definir.

En nuestra opinión, el mensaje que transmite Manini –y que provoca el entusiasmo del pueblo-, es un mensaje de esperanza, sí; pero sumamente racional, cargado de sentido. Dice verdades que la gente disfruta oír, porque son de obvias (como por ejemplo, que los convictos deben trabajar para adquirir hábito de trabajo y para devolver a la sociedad algo de lo que le quitaron). Sin embargo, hay quienes las callan por corrección política. Por no herir a estos, o por no despertar el enojo de aquellos otros, “que podrían votarnos” (la realidad es que no los votarían ni un millón de años).

El resultado, es que algunos o muchos de los que antes los votábamos, nos aburrimos de esperar que se pusieran los pantalones y que empezaran a hablar con claridad de determinados temas. Y nos fuimos tras un líder que sí se anima a decir lo que muchos no dicen por ruin cálculo electorero. Por eso Manini crece. Porque es confiable, porque es un líder, porque tiene ideas claras sobre lo que hay que hacer, y porque es valiente y se anima a comunicarlas. Y porque logra transmitir la certeza de que, de ser gobierno, cumplirá lo prometido.

Perfil para gobernar

Todo esto hace además, que Manini tenga entre todos los candidatos, el mejor perfil para dirigir el país en los tiempos duros –¡durísimos!- que se avecinan. Cuidado, no hablo de imagen: hablo de perfil. Manini no parece ser un candidato al que le importe demasiado su imagen; lo que parece importarle, de forma casi obsesiva, es solucionar los dramáticos problemas que padece el país, desde la baja natalidad y la intención de emigrar del 30% de los uruguayos (lo cual nos acerca a un peligroso suicidio demográfico), hasta el trabajo digno, la seguridad, la justicia, el combate del narcotráfico, la familia como base de la sociedad… Eso la gente lo ve, lo percibe… La gente, esa gente que desconfía de todo el sistema político, a él le cree. Y se entusiasma, sí. Pero con un entusiasmo racional, porque dentro del espectro político, no ve a otro candidato con su inteligencia, su capacidad de trabajo, su energía, su coraje y su determinación para hacer lo que hay que hacer, sin dilaciones ni componendas de ningún tipo.

Un cambio radical

Por eso, a nuestro juicio, Manini crece a un ritmo tal, que si se mantiene, bien podría llevarlo a participar en el balotaje. ¿Llegará a ser el próximo Presidente de los orientales? Esa es nuestra esperanza. Porque si nuestra sociedad sigue evolucionando en el mismo sentido que lo ha hecho en los últimos años, el futuro no es en absoluto promisorio. Lo que se impone, es un cambio radical. Sin complejos políticamente correctos. Y en el marco de la única autoridad que debe respetar, a rajatabla, todo gobernante: la Constitución de la República.

Álvaro Fernández Texeira Nunes