Con frecuencia, se dice que las leyes de la “agenda de derechos” incorporadas a nuestro ordenamiento jurídico son “tema laudado”. ¿Es realmente así? ¿Existe una única visión acerca de la “agenda de derechos”? ¿Puede haber otras?

¿Para qué está el Parlamento?

Es frecuente escuchar a ciertos actores políticos, periodistas, representantes de ONGs, etc. repetir, una y otra vez, que las leyes de aborto, “matrimonio” igualitario, personas trans o marihuana, son “tema laudado”. Resulta curioso, porque son los mismos que no dieron por laudada la penalización del aborto por la ley 9.763 de 1938, ni el rechazo de sucesivos proyectos de ley de aborto presentados desde de los tiempos de la dictadura, hasta que finalmente se aprobó en 2012.

Y es extraño, porque para ser coherentes con la idea del “tema laudado”, laudadas habrían quedado la esclavitud, la pena de muerte, y otras prácticas deplorables que alguna vez fueron aprobadas por ley. Con ese criterio, ningún parlamento en el mundo estaría habilitado para revisar leyes anteriores, ni para aprobar leyes nuevas que dejen sin efecto leyes anteriores.

La realidad de los encargados de legislar, es muy distinta: porque si bien los parlamentos elaboran leyes nuevas sobre asuntos hasta ahora desconocidos, también, y sobre todo, revisan leyes anteriores, algunas de las cuales habrán de ser modificadas, otras derogadas y otras sustituidas. La labor parlamentaria es dinámica. Guste o no, lo normal en un parlamento es que las leyes siempre estén bajo revisión, porque las ideas y las circunstancias cambian. Si las leyes aprobadas no pueden ser cuestionadas, ¿qué sentido tiene el trabajo parlamentario?

¿Derechos adquiridos?

Quienes sostienen que los temas de la “agenda de derechos” están “laudados”, argumentan que estas leyes -a diferencia de otras- refieren a “derechos adquiridos”. El “derecho” a comprar marihuana en la farmacia o el “derecho” a matar a un hijo antes de que se cumplan las 12 semanas de embarazo, son para ellos absolutos y por tanto inderogables: en su opinión, no deberían quedar sujetos a futuras revisiones. “Ni un paso atrás en la agenda de derechos”, dicen. Quizá piensen que así defienden la soberanía… pero lo cierto es que al final de la jornada, los únicos que festejan son los promotores del control natal, por haber sido capaces de vender como “derecho”, el respaldo legal de conductas o estilos de vida antiprocreativos.

Los derechos verdaderamente inderogables, están consagrados en el Art. 7 de la Constitución de la República, que dice así: “Los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad. Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes que se establecen por razones de interés general.”

Las leyes de interés general son aquellas que privan de su libertad a los delincuentes, o regulan el uso de la tierra por parte de sus propietarios. Pero lo importante aquí es que nadie puede ser privado de estos derechos. ¿Por qué?

Constitución y Derecho Natural

Veamos una cita de un proyecto de ley presentado hace años, que ayuda a entender este asunto:

“El Uruguay tiene una Constitución claramente afiliada a la filosofía jusnaturalista, según surge de los artículos 7, 72 y 332, que reconoce a los derechos humanos, como el derecho a la vida, el derecho a la libertad, el derecho al honor, que son derechos anteriores a la Constitución y que la misma no hace otra cosa que reconocerlos y protegerlos. Si completamos las normas contenidas en la Constitución de la República, con las Declaraciones Universales y Regionales de Derechos Humanos a la que está adherida la República, así como los Pactos Internacionales de Derechos Humanos, podemos concluir sin violencia alguna que en nuestro derecho la clonación de los seres humanos es inconstitucional e ilegítima”. Suscriben: Ruben Correa Freitas, Yamandú Fau, Wilson Sanabria y Orlando Virgili.

¿Qué quiere decir que nuestra Constitución está afiliada a la filosofía jusnaturalista? Que se funda en el Derecho Natural. Que los derechos humanos son inherentes a la personalidad humana, y anteriores a la Constitución. Por eso, ésta solo puede reconocerlos y protegerlos. No puede otorgarlos ni derogarlos. En consecuencia, los derechos humanos, no se pueden “adquirir” ni “perder”. Es un error hablar de “derechos adquiridos”: o los derechos están en la persona y se reconocen y protegen, porque son auténticos derechos –como el derecho a la vida-, o no están, y no son auténticos derechos -como el presunto “derecho” a abortar-. Por muchas leyes que se hagan, el aborto y todos los “derechos” que de una u otra forma van contra la letra y el espíritu de la Constitución, no son derechos.

Si no son derechos, ¿qué son? Privilegios, permisos, licencias. Una licencia para matar, bien se puede revocar. Y por eso nunca puede ser “tema laudado” el otorgarla. Con mayor razón, cuando semejante privilegio va contra la Constitución.

Agenda de derechos ¿sí o no?

¿Hay que descartar entonces la idea de una “agenda de derechos”? De forma análoga a lo que ocurre con la educación sexual, la cosa aquí no pasa por “agenda de derechos” SÍ – “agenda de derechos” NO, sino por qué “agenda de derechos”.

Si por “agenda de derechos” se entiende una serie de leyes que van en contra de los derechos humanos fundamentales como el derecho a la vida, el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos, o bien contra el espíritu de la Constitución, que cuando protege al matrimonio y la familia, lo hace en atención a los hijos que de la unión entre un hombre y una mujer puedan venir, entonces diremos: “agenda de derechos” NO. Algo similar se podría decir de leyes que violan o que dinamitan el modelo antropológico sobre el que se construyó la civilización, al sostener –contra toda evidencia científica- que con el sexo no se nace, sino que “se asigna al nacer”. Un disparate monumental.

Ahora bien, si por “agenda de derechos” entendemos volver a respetar la vida desde la concepción hasta la muerte natural, respetar el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos y a involucrarse en ella, fomentar la natalidad, promover la estabilidad familiar, avanzar en el cuidado y atención de personas que padecen enfermedades para las que hay poco o nulo apoyo por parte del Estado, proteger a los ancianos, a los que padecen síndrome de Down, a las familias numerosas, y otras iniciativas por el estilo, entonces sí estamos a favor de esa “agenda”. No porque se trate de “nuevos derechos”, sino porque se trata de profundizar en el disfrute de derechos fundamentales que ya se tienen, y que como consecuencia de la imposición de la ideología de género en la cultura, en las leyes y en la educación, con demasiada frecuencia están siendo avasallados.

Conclusión

Es lícito, es justo, y es necesario, que algún día se revisen las leyes que hoy son parte de una “agenda de derechos” que se nos ha venido imponiendo en el correr de esta década. Esas leyes, se podrán modificar, derogar, o sustituir por leyes mejores. Pero no son, ni pueden ser, “tema laudado”. Los orientales, por ahora, somos libres. No sólo de pensar, sino de cambiar y modificar nuestras opiniones sobre determinados temas.

Además, el ejercicio del poder en una democracia, va cambiando de manos. Tras un acto eleccionario, es “tema laudado” quien lo ejerce; pero sólo por un período de tiempo determinado. Así, elección tras elección, los parlamentos cambian su composición. Y los que en un momento obtuvieron la mayoría, luego pueden convertirse en minoría. Y viceversa. Es el libre juego de la democracia. Es el sano ejercicio de la libertad y del respeto a la opinión de las mayorías.

Esperamos que la mayoría de los gobernantes y legisladores electos el próximo 27 de Octubre, tengan una buena dosis de sentido común y una enorme dosis de coraje.  Sentido común, para reconocer cuáles son los auténticos derechos humanos, en cuyo reconocimiento y protección es necesario profundizar. Coraje, para no caer de rodillas ante la corrección política, y para enfrentar la falacia de la actual “agenda de derechos”, impuesta desde el exterior por los promotores de la ideología de género.

En relación a esta ideología, ha dicho el Papa Francisco “También hoy reaparecen nuevas ideologías que de forma sutil buscan imponerse y desarraigar a nuestros pueblos de sus más ricas tradiciones culturales y religiosas. Colonizaciones ideológicas que desprestigian el valor de la persona, la vida, el matrimonio y la familia y dañan con propuestas alienantes, tan ateas como en el pasado, especialmente a nuestros jóvenes dejándolos desprovistos de raíces para crecer”. De cada uno de nosotros depende decir sí o no a la vida, al matrimonio, a la familia… y a la identidad de nuestro pueblo.

 Álvaro Fernández Texeira Nunes

Publicado en Entre Todos – Nº 460